“Ahora si fuera profesor, les diría a mis alumnos: leed, leed, leed”

forteaJosé Antonio Fortea, (Barbastro 1968), es un sacerdote y teólogo especializado en el campo relativo al demonio, el exorcismo, la posesión y el infierno.

En 1991 finalizó sus estudios de Teología para el sacerdocio en la Universidad de Navarra. En 1998 se licenció en la especialidad de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de Comillas. Ese año defendió la tesis de licenciatura El exorcismo en la época actual. En 2015 se doctoró en el Ateneo Regina Apostolorum de Roma con la tesis Problemas teológicos de la práctica del exorcismo. Pertenece al presbiterio de la diócesis de Alcalá de Henares.

Ha escrito distintos títulos sobre el tema del demonio, pero su obra abarca otros campos como la Liturgia, la espiritualidad, así como la narrativa. Sus libros han sido traducidos a ocho idiomas.

  • ¿Con qué libros comenzó su afición lectora?

Mis comienzos como lector fueron con la Colección Dumbo. Unos cómics antiquísimos de Gil Pato, el Pato Donald, Mickey Mouse y Goofy. ¡Cómo me fascinaban las aventuras del Tío Gilito! Mi viaje a los Andes con la historia Andes lo que andes, no andes por los andes fue muchísimo más emocionante que mis posteriores viajes (estos ya reales) al Perú. Después seguí iniciándome en el vicio de la lectura con Don Miki, Mortadelo y Filemón, Superlópez y obras similares. Los cómics que poseía me los sabía literalmente de memoria.

Puedo afirmar con toda rotundidad que practicamente no leí libros hasta que fui a la universidad. Aborrecía los libros (en todas sus formas y géneros) y amaba los cómics. Curiosamente, sí que me gustaba leer libros de economía. En una época (la educación secundaria) en la que no leía ningún libro, sí que leí libros de varios prestigiosos economistas. La mente humana es un misterio.

  • ¿Cuáles son sus escritores preferidos?

Prefiero hablar de libros, porque, varios de los escritores a los que amo, me gustan por una sola obra. Sólo hay un autor al que incluiría con su propio nombre: Jorge Luís Borges. Mis libros favoritos son los siguientes por orden de preferencia, todos ellos después del escritor bonaerense: El nombre de la rosa, La Regenta, Madame Bovary, Si una noche de invierno un viajero, Memorias de Adriano, Una historia de la lectura, El amor en tiempos de cólera, La familia de Pascual Duarte, El Gatopardo, El coronel no tiene quien le escriba.

  • ¿Qué género literario le gusta más?

Sin duda la novela. Y dentro de la novela, las obras postmodernas; cuanto más complejas sean mejor. Si una noche de invierno un viajero de Ítalo Calvino es el tipo de novela que más me gusta. Pero hay muy pocas de esa calidad.

  • Estudió en la Universidad de Navarra, ¿qué recuerda de aquellos años?, ¿frecuentaba la Biblioteca?

Iba todos los días a la biblioteca, pero sólo para tratar de memorizar mis apuntes. En esa época yo era muy inmaduro intelectualmente. Iba a pastar en mis apuntes, como una oveja va a masticar tranquilamente a un trozo del prado. Como oveja-estudiante nunca me alejé mucho a recorrer el mundo del conocimiento.

Nadie me enseñó a estudiar y yo trabajaba mucho, muchísimo, pero pésimamente. Mi estudio se reducía a leer y releer los apuntes. La biblioteca sólo era un marco, un entorno, como una especie de habitación decorada con libros.

Ahora si fuera profesor, les diría a mis alumnos: leed, leed, leed. No os preocupéis por el examen: ¡leed! Aprended a pensar, reflexionad, sumergíos en todos los autores que podáis. Olvidaos de las preguntas del examen, no os preocupéis por ellas: dedicaos a satisfacer vuestra curiosidad por saber. Ahora como profesor, me dedicaría a hablar con cada alumno cada dos semanas, para ver qué está haciendo, cómo va aprovechando.

Desgraciadamente, eso lo aprendí muy tarde, cuando acabé mi licenciatura. Fueron, por tanto, años de mucho trabajo perdido. Cada profesor explicaba su asignatura, escuchaba exposición tras exposición, pero nadie enseñaba a estudiar. Me gustaría pensar que las cosas han cambiado. Pero por lo que veo en la mayoría de las universidades de los muchos países que visito, el sistema sigue dando por supuesto que el alumno sabe estudiar. Las universidades deberían mimar a los pocos buenos profesores, que los hay, pero son pocos. El sistema favorece que lleguen a profesores individuos que saben mucho, pero que a veces tienen poca vocación de enseñar.

Allí escribo lo primero que se me ocurre después de la cena. Concretamente escribo siempre después de jugar una partida de ajedrez mientras tomo un poco de chocolate y escucho música de bandas sonoras. Muchas de las cosas que escribo en mi blog son tonterías. Por eso es un blog con tantos seguidores.

La mayor parte de la gente que tiene prejuicios contra mí es por culpa de mi blog. Pero sigo fiel a la idea de abrir la boca y decir lo primero que se me ocurre en el post de cada día sobre el campo que sea. Después hay otro Fortea de los sermones y otro muy distinto el de las novelas y otro el de los libros de teología.

El Fortea más respetable es, sin duda, el de los libros de teología. El que lea esta entrevista puede pensar que soy un poco memo, pero hay otro yo dedicado a las intrincadas cuestiones relativas a la condenación enterna y el infierno.

A lo que realmente yo me quería dedicar como párroco era a escribir: escribir sin dejar de ser párroco. Un buen amigo mío, abogado, me dijo: escribe un libro de memorias, eso se vende bien. Y le hice caso. Y tuvo razón. La editorial se sorprendió reedición tras reedición de un libro en el que nunca creyó.

Curiosamente, ese libro totalmente instrumental se convirtió, según los lectores, en una de mis mejores obras. Algo lógico, porque llevaba un cuaderno con las anécdotas de mi día a día como párroco. El problema es que ese libro habla mucho de lo complicado que es cura en un pueblo, y muy poco de ser exorcista.

Sí, al principio, en esa obra yo asesinaba a mi obispo; de momento, sólo de manera literaria. Pero una lectora (muy piadosa y devota) me dijo que le había gustado muchísimo el libro, pero que le daba reparo que matara a mi obispo. Yo le pregunté: ¿Qué quieres, que mate a su gato?

De verdad que las cosas sucedieron exactamente así. La verdad es que ese libro es un despropósito de principio a fin, pero me divertí muchísimo escribiéndolo, pasándoselo a mis compañeros curas de diócesis y retocándolo una y otra vez.

  • De sus obras editadas en papel, usted se reserva los derechos de publicación digital para que todos los que lo deseen las puedan leer. No es un hecho muy habitual, ¿por qué decidió hacerlo así?

Publico digitalmente porque lo que busco son lectores, no dinero. Pero me leen online, porque durante más de quince años publiqué en papel con editoriales y los libros se vendieron y reeditaron. Nadie puede tener éxito digitalmente si no te has hecho un nombre previamente. No importa lo buenas que sean tus obras, nadie puede despuntar en Internet con novelas sin crearse un número de lectores en el mercado tradicional. Con vídeos o cuentas de Twitter graciosas, sí que es posible descollar directamente en la Red. Pero con novelas, no. Sencillamente, hay más oferta que demanda. En esto, el boca a boca no funciona.

Pero una vez que yo (por razones más bien aleatorias) logré tener mi público en el mercado de la letra impresa, fue fácil seguir dejando que rodara la bola de nieve por la montaña. Aun así, este año he publicado en papel cuatro libros en dos países de lengua española, y un quinto en Finlandia, sin contar reediciones. Pero la mayor parte de mis lectores ya son lectores que se descargan gratis mis libros en Biblioteca Forteniana.

En casa de herrero, cuchillo de palo. No he leído ninguno de esos dos libros. No leo novelas sobre mi especialidad teológica. También me aburren las películas sobre el tema del demonio o el exorcismo. Me imagino que a los cirujanos les debe aburrir una serie sobre médicos.

  • Para terminar, ¿con qué autor le gustaría tomarse un café?

Sin ninguna duda con Alberto Manguel. También me gustaría hacerlo con el autor de Amoris Laetitia, pero sospecho que mi único interés sería charlar amigablemente acerca de algún tipo de promoción de mi pobre persona; promoción inmerecida pero que tampoco me atrevería a rechazar.

Muchas gracias por su tiempo e interés