“Pasear entre el silencio de los libros de la biblioteca sigue siendo una de las mejores experiencias”

bertaBerta Sánchez Lasheras (Pamplona, 1973) es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Navarra y Máster en Dirección de Personas en las Organizaciones.

Actualmente trabaja como Subdirectora de Selección, Formación y Desarrollo del Servicio de Dirección de Personas de la Universidad, previamente fue adjunta al Vicerrectorado de Alumnos.

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  • ¿Cómo comenzó tu afición lectora?

Una imagen idealizada, quizá, de mi infancia, es la biblioteca del colegio, compuesta de silencio “entretenido”, de mesas y sillas pequeñas rodeadas de estanterías y libros, que se podían coger directamente, leer y llevarlos a casa; cada una tenía un cartón donde apuntaba los libros que iba leyendo. Allí comenzó sin duda mi pasión por los libros, similar a la de hoy: las mesas, sillas y estanterías han cambiado de tamaño, pero pasear entre el silencio de los libros de la biblioteca sigue siendo una de las mejores experiencias: me gusta tener una lista de libros, descubrir que están en la biblioteca de la Universidad -¡siempre están!-, anotar la signatura y buscarlos entre los estantes.

  • ¿Cuál es el libro de tu infancia que recuerdas con más cariño?

Otro recuerdo se me viene a la mente cada vez que leo en una entrevista la pregunta sobre el regalo que más ilusión nos ha hecho: pienso, sin duda en uno de los regalos de mi primera comunión, el libro de los Hollister que me faltaba de esa colección. Aunque en esa época leía también Los cinco, los Hollister eran mis preferidos. Me acuerdo, incluso, de querer cumplir 10 años, que eran los que tenía Pam, una de las protagonistas.

  • ¿Alguno de los libros que te hayan marcado?

Los libros de infancia marcan; también los de la adolescencia, donde comienzan las preguntas sobre los grandes temas de la vida: el amor, la amistad, el sentido del sufrimiento y del dolor, la muerte. Y esa necesidad de diálogo con los libros dura siempre. Hay personas aventureras, y eso es lo que buscan en la literatura. Mi búsqueda se dirige casi siempre hacia el interior del hombre, al por qué de sus pensamientos, actuaciones, ilusiones y fracasos. Se vuelve a los clásicos precisamente porque son libros escritos con humanidad y que expresan las luchas y desconciertos de los hombres de todos los tiempos; y llega a los contemporáneos escritos con la misma fuerza. Una de las lecturas que más me ha marcado ha sido la de Anna Karenina (Tolstoi), y otras muchas, entre las que destaco solo algunas: Crimen y castigo (Dostoievski), Cristina, hija de Lavrans (Undset), Los novios (Manzoni), El cardenal (Henry Morton), La ciudadela (Cronin),  Retorno a Brideshead (Waugh), El viaje de Jonás (Jiménez Lozano), Caperucita en Manhattan (Martín Gaite). Recientemente he descubierto a Natalia Ginzburg (Todos nuestros ayeres).

  •  ¿Cómo comenzó tu gusto por la poesía?

Cuando estudiaba tercero de carrera se organizó en la Universidad un ciclo sobre poesía contemporánea, con la presencia de algunos de los “grandes” poetas contemporáneos (Bousoño, Brines, d’Ors, y algunos más). Falté a alguna de mis clases porque coincidían en horario. Y esto fue un punto de inflexión en mi carrera y en mi formación literaria. Aunque me había adentrado en el mundo de la belleza a través de la poesía (había leído bastante poesía española, sobre todo del siglo de oro y tenía especial preferencia por la generación del 27), descubrí una poesía de lo cotidiano, sencilla y al mismo tiempo profunda, que conectaba con mis pensamientos y preocupaciones del momento. A raíz de ese encuentro me di cuenta de que, como  diría Miguel d’Ors, “los versos más míos los han escrito siempre otros poetas”.

  • ¿Puedes recomendarnos algún microrrelato ó relato breve?

Si una novela puede equiparse con una película (un contexto, unos personajes, una acción), el microrrelato supone detenerse en una escena, en un detalle, actuación, o mirada de un personaje. Es breve pero intenso y reclama contemplación. Al terminar las cinco o seis páginas aquello que se ha leído forma parte de uno mismo, de su interioridad. Algunos ejemplos son Las apariencias ( Muñoz Molina), El cogedor de acianos (Jiménez Lozano), Que me quieres, amor (Rivas), El vaso de plata (Marí). Uno que siempre suelo recomendar es El primer trago de cerveza (Delerm) un libro muy sencillo que anima a pensar en los pequeños placeres de la vida, en las oportunidades pequeñas y asequibles que se nos ofrecen cada día.

Algunos relatos breves con gran fuerza emotiva: Retrato de la madre de joven (Delius), La nieta del señor Linh (Claudel) , Kafka y la muñeca viajera (Sierra i Fabra).

  • ¿Y hablarnos de tu afición a las “listas de libros”?

Las “listas” de libros no son como otro tipo de listas. Todo amante de los libros hace la suyas; incluso existen libros sobre libros y sobre listas de libros: La buena novela (Cosee)  Leer Lolita en Teherán (Nafisi). Un libro te lleva a otro (por el autor, el tema, la editorial). Cuando este verano leí  Por favor, cuida de mamá (Kyung Sooj Shin) recordé otras novelas con tema similar que en su momento me dejaron huella: Vinieron como golondrinas (Maxwell), Por donde sale el sol (García Valdecasas). Otras veces el punto de partida es un blog, una selección de una librería, una conversación sobre libros, un título citado en una sesión o conferencia. A partir de ahí, comienza la búsqueda y la decisión de si lo incluimos en nuestra lista o no. Se empieza a tener un gusto definido y un criterio de selección aunque también es bueno dejarse guiar por otros lectores para descubrir autores y mundos nuevos.

Aunque en general huyo del marketing literario, algunos contextos guían la lectura; también hay libros que se hacen películas, o películas que llevan a libros. Por ejemplo, las discusiones en torno a la revolución francesa me llevaron a profundizar en la figura de Maria Antonieta (Zweig); después de la serie de TV sobre “Isabel” me interesé por la época histórica de los reyes católicos y me animé a leer La reina triste (Carrillo de Albornoz). El último eco onomástico ha sido el de Cervantes y Shakespeare. Con el título de un verso de un soneto de Shakespeare apareció un libro que recoge varias novelas cortas de Mary Ann Clark Bremer, Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos, un gran descubrimiento.

  • ¿Cuál es la ventaja de tener siempre un libro cerca?

Hace unos meses volvía de viaje en tren y hubo una pequeña avería que obligó a detenernos en mitad de la vía durante un tiempo. En ese momento estaba enganchadísima al libro que iba leyendo y esa pequeña contrariedad se convirtió en una oportunidad para disfrutar de unas páginas más de la novela. Pensé en la ventaja de ser lectora… Y de llevar un libro…

Muchas gracias Berta por compartir con nosotros tu afición lectora.