“El argumento más persuasivo es siempre el del testimonio personal. La afición a la lectura se contagia como la gripe.”

Jaime Nubiola es profesor de Filosofía en la Universidad de Navarra, director del Grupo de Estudio Peirceanos, director de la revista Anuario Filosófico y subdirector del Máster Universitario en Profesorado  (MUP) de la misma universidad. Asímismo, ha ejercido diferentes labores de  gobierno, siendo Secretario General, Vicerrector de Extensión Universitaria, etc.

Gran lector, escritor, trotamundos académico, tecnólogo (puede consultarse su blog “Filosofía para el siglo XXI“), es muy frecuente verlo en la Biblioteca aconsejando apasionadamente libros de lectura a sus alumnos.

  • Hemos leído en algunas de sus entrevistas que la escritura y la lectura son para usted alimento esencial del pensamiento. ¿Podría describirnos con más detalle en qué consisten los ingredientes de su receta magistral?

No estoy muy seguro de esa metáfora gastronómica. Con toda la tradición humanística, defiendo efectivamente que la lectura es alimento del alma: Food for thought, dicen los americanos. Sin embargo, la relación con la escritura me parece más complicada. Para llegar a escribir es preciso haber leído mucho, haber pensado mucho y, sobre todo, haber vivido mucho. Cuando me piden una receta para la vida intelectual suelo decir: “Pensar lo que uno vive, decir lo que uno piensa, vivir lo que uno dice”.

  • ¿Qué recomendación lectora le han hecho sus alumnos que le haya sorprendido? Y de este blog, ¿ha incorporado alguna novedad a sus lecturas?

De ordinario leo libros que me recomiendan otras personas, colegas, alumnos o amigos. De entre los últimos que me han recomendado y me han impactado mencionaré tres obras muy distintas: En busca de la memoria, del neurólogo premio Nobel Eric R. Kandel, El pan de cada día, del intelectual francés Gustave Thibon, y la novela de Chaim Potok Mi nombre es Asher Lev , que recomendó Marcela Duque a través de este blog.

  • Como buen filósofo, ¿qué argumentos de lógica da a sus alumnos para invitarles a iniciarse en la lectura?

El argumento más persuasivo es siempre el del testimonio personal. La afición a la lectura se contagia como la gripe. Quizá lo más difícil es acertar con el libro adecuado para quien no ha leído nunca nada con gusto y por gusto. Por ese motivo, abrimos hace algún tiempo con Jacin Luna una página web sobre Libros inolvidables, para dar pistas a quienes desean aficionarse a leer y no saben cómo.

  • Decía Pascal que el corazón tiene razones que la razón no entiende, ¿algún título que le haya robado ambos?

Quizás el de Cormac McCarthy La carretera que me recomendó Eduardo Terrasa. Cuando llegué a la última página —a decir verdad, sin entenderlo mucho— volví a leerlo entero desde el principio. Me dije: “en España no hay nadie que sea capaz de escribir así”. Lo recomiendo vivamente, pero solo para escritores o lectores avezados.

  • Hace algunos años, la lectura de tebeos no era tan apreciada como la de narrativa. ¿Qué opinión le merecen los tebeos clásicos y los actuales cómics?

La combinación de ilustraciones y textos como iniciación a la lectura es muy tradicional. De  mi infancia recuerdo una famosa colección de la editorial Molino en la que se combinaba el texto abreviado de la novela con abundantes páginas de cómic: a mí no me gustaba porque los cómics me “robaban” texto y me quitaban libertad para el empleo de mi imaginación. Siguen sin atraerme particularmente ni los cómics, ni los dibujos animados o las películas de animación. A mí lo que me enganchan son las historias, no la habilidad de los dibujantes.

  • Regalar libros es muestra de amistad, y usted tiene grandes amigos, ¿qué autor nunca le falla a la hora de obsequiarlo?

He regalado docenas de ejemplares de Cartas a un joven poeta de Rilke. No falla nunca si el destinatario es alguien con sensibilidad.

  • “Los jóvenes no leen, y  escriben mal,  tienen faltas de ortografía. No saben expresarse. No entienden, no pueden…” son sentencias habituales entre docentes, padres y medios de comunicación ¿Algún comentario al respecto?

Esos mismos jóvenes suelen saber más inglés que quienes hacen esos comentarios. Además son bien educados, amables y afectuosos. Muchos de ellos dominan la tecnología y se comunican constantemente entre sí a través de sus máquinas. Si aprenden a expresarse mejor podrán quizá llegar a ser más felices.

  • G. Orwell afirmaba que si el escritor escapa de todas sus primeras influencias, habrá matado su impulso de escribir. ¿Qué peso adquiere la lectura en todo ello?

Orwell es uno de los grandes. Recomendaría a todos los catalanes que leyeran su libro Homage to Catalonia y comprenderán un poco más su tierra y sus gentes. Quienes se dedican a escribir suelen cultivar fielmente un germen inicial y mediante la lectura y la vida ese primer impulso va efectivamente creciendo y evolucionando.

  • Parafraseando el nombre de nuestro blog, Leyendo se entiende la gente, ¿cree que la lectura puede ser un camino de entendimiento entre las personas, los pueblos etc. ?

Por supuesto. Estuve hace unos pocos años en Chihuahua, una de las ciudades mexicanas castigadas por el narcotráfico, dando una conferencia sobre la lectura. Me alegró que algún tiempo después ponían letreros en algunos coches con mi lema“Leer nos hace crecer en libertad”.

  • En su último libro Aprender a divertirse ¿da cabida al hábito lector como un campo de disfrute, de entretenimiento en el mundo de hoy?

No particularmente. Para los jóvenes de hoy la diversión es siempre con los amigos y la lectura es casi siempre irremediablemente individual. Puede ser gozosa, placentera, enriquecedora, entretenida, pero en la mentalidad de la gente joven la lectura no suele entrar en el ámbito de las actividades que puedan calificar como “divertidas”.

  • Habitualmente le vemos en la Sala de Lectura de Humanidades acompañado de alumnos para recomendarles libros de la sección PLC. ¿Qué otras iniciativas para fomentar la lectura daría usted? 

Me encanta la sección PLC (“Para leer en casa”), pero, recogiendo una sugerencia de Marta Revuelta, me parece que en ella los libros deberían estar ordenados no por signatura, sino pensando en sus destinatarios y sus necesidades: “Libros para soñar”, “Libros para desconectar”, “Libros para llorar”, “Libros para pensar”, o “Libros para cuando uno está triste”, “Libros para enamorados”, etc. Se trataría de organizar algo así como una maravillosa sección de biblioterapia, de curación a través de la lectura. Peter de Miguel presentaba de esa manera su magnífica  lista de 100 novelas del siglo XX.

Agradecemos al profesor Jaime Nubiola sus respuestas,

e invitamos a nuestros lectores a seguirle la pista en los siguientes artículos recomendados:

“Leer para pensar”

“Más libros, más libres”

“Leer para vivir”