Bosquejando recuerdos

Web de María Blasco

En 1985, a los 12 años, le diagnosticaron Ataxia de Friedreich,una enfermedad degenerativa altamente invalidante. Sin embargo, y pese a su juventud, María Blasco se marcó una meta que sigue tratando de alcanzar, y es «normalizar» su vida en la medida de lo posible. De ahí su licenciatura en Filología Hispánica y su diplomatura en Estudios Vascos por la Universidad de Navarra. Y de ahí, también, la publicación de su primer libro, Bosquejando recuerdos, en el que, a través de sus vivencias de infancia, plasma las huellas que el paso de los años ha dejado en Larrasoaña.

«Desde pequeña me ha gustado contar historias, cuentos… y solía compartirlas con mis amigas», dice la autora, a la que la enfermedad fue restando, poco a poco, capacidad oral, pero no imaginación y ganas de narrar, por lo que «publicar un libro ha sido una meta que estaba en mi mente desde la adolescencia». Ahora ya es una realidad. Y para debutar no ha escogido cualquier historia, sino una a la que siente íntimamente unida. «En uno de mis paseos por Larrasoaña fui consciente de cómo el pueblo había cambiado físicamente y quise que las generaciones futuras supieran cómo había sido durante el siglo XX y, en especial, en los años de mi infancia». Reflexionando sobre esto, Blasco comprobó, además, que los cambios «no habían sido meramente físicos», sino que la localidad había dejado atrás su pasado rural, al igual que tantas otras poblaciones del Estado y del mundo, por lo que el relato admite una lectura universal, dirigida a jóvenes y a adultos. Los primeros «aprenden historia y etnografía de una forma divertida, conociendo los años de infancia de sus abuelos y sus padres», al tiempo que los adultos «recordamos un período maravilloso». Todo, con un estilo «natural, sencillo y fresco», regado con un «sanísimo sentido del humor». En definitiva, Bosquejando recuerdos es una especie de cápsula del tiempo, de «cuadro impresionista» a base de recuerdos vagos de un tiempo feliz en el que existía la tienda de la Nieves, estaban Bernardo, Sabina, Matías… Y los niños jugaban libres por las calles sin peligro. Precisamente, la portada del libro, diseñada por la autora, rememora esas sensaciones.

Publicar antes de que la enfermedad avance

Publicar el libro ha sido un triunfo. María lo sabe bien, ya que, después de dos años documentándose, comenzó a escribir y no fue fácil. «Fue una tarea costosa; debido a la enfermedad tecleo muy despacio y me canso enseguida», cuenta la autora, en silla de ruedas desde hace casi 17 años. Hacia la fase final de escritura, echó mano de una herramienta informática que transformaba su voz en texto, «pero también tenía inconvenientes, porque debido a la dichosa ataxia no pronuncio muy claro, así que tenía que corregir continuamente porque el sistema no reconocía bien mis palabras». Finalmente, la mejor solución fue contar con el apoyo, siempre incondicional, de su familia y amigos para la corrección de textos y para animarla hasta la última línea, aunque Blasco va sobrada de ánimos. «Lo primordial para sacar el libro adelante ha sido la convicción de que podía y debía hacerlo», aunque reconoce que la evolución de la ataxia influyó «a la hora de apresurarme para terminar la narración, porque quería ver el libro que yo misma había podido concluir».

Eso sí, María Blasco no quiere que su enfermedad centre la atención del público, ella se considera como cualquier otra autora novel que intenta hacerse un hueco en el panorama editorial. Aunque, por supuesto, valora haber cumplido un sueño, «demostrándome a mí y al mundo entero que cuando pones decisión y valentía en tu trabajo recoges frutos», dice la autora, que en estos momentos trabaja en Canciones del alma, un poemario que le gustaría presentar este año y en el que la artista bilbaína Marisa Ortega incorpora sus pinturas. Y no pierde de vista Bosquejando recuerdos, porque en septiembre lo presentará en Madrid acompañada, seguramente, del periodista Iñaki Gabilondo.

Publicado en  Diario de Noticias, 9 de junio de 2010

  • Felicitamos desde el blog a María,  antigua usuaria de la Biblioteca, por la publicación de esta obra.