Sueños de invierno – Reto de lectura 2020

Nuestra lectora María Dolores Nicolás nos ha enviado una reseña con la que ha cumplido el reto de lectura del mes de enero, y nos comparte esta novela ambientada en invierno. ¡Muchas gracias María Dolores!

Sueños de invierno, Scott Fitzgerald, Traspiés, 2016.

Dice el prólogo de este libro que “Pocas cosas hay tan aleatorias y determinantes en la vida de una persona como el lugar en que nace y, en el caso de Francis Scott Fitzgerald, es fácil aventurar que ni su vida ni su obra hubieran sido las mismas si no hubiera nacido en su casa de Summit avenue, en la ciudad de Saint Paul (Minnesota), el 24 de septiembre de 1896”. Y esto, que es una máxima para toda persona, en el autor de “Sueños de invierno” se hace patente en su estilo narrativo, con abundante descripción de corte costumbrista, retratando con pincelada fina el ambiente de los años veinte en Estados Unidos.

La historia que bulle en este libro es la narración de una historia de amor entre un varón y una mujer de la época, una historia teñida de los colores que el cine y la pintura nos han mostrado como muestra distintiva de esa época dorada del siglo XX, pero también ensombrecida por las heridas que dejó la Gran Contienda.

Frente a lo previsible de esos amoríos que siempre acaban bien, y donde triunfa el amor, aquí nos deleitamos también con el sabor agridulce de los caminos que se separan. Además de esos matices sensoriales que evoca el relato, como también enuncia el prólogo, “las diferencias sociales, el valor del dinero, la búsqueda de la belleza y la quiebra de los ideales que van unidos a todo ello son los temas centrales de esta historia de amor y de ambición, dramática y tierna, sarcástica y delicada”.

Y, ciertamente, estamos ante una obra de gran calidad artística, sorprendente en su narración, pero no por ello exenta de los tonos grises. Se echa de menos en ella una visión más positiva acerca de la mujer, a quien el autor retrata en la protagonista, Judy, como un personaje caprichoso, frente a un Dexter que encarna la masculinidad, también la sobriedad, y es quien pone cabeza en el final de la historia, ese final del todo inesperado.

Dentro de esa amalgama de tonalidades que transita por este libro, es una historia agradable para disfrutar en estas, todavía, tardes de invierno.

María Dolores Nicolás