“Siempre digo que lo que más extraño de la Universidad es la biblioteca”

Marcela Duque (Medellín, 1990) licenciada en Filosofía por la Universidad de Navarra, actualmente se encuentra cursando sus estudios doctorales en Filosofía en Washington D.C. Bello es el riesgo es su primer poemario, con el que ha ganado el Premio Adonáis de Poesía 2018.

  • ¿Con qué libros comenzó tu afición lectora?

No sabría indicar exactamente con cuáles, pero ya se me debía notar cierta afición lectora cuando una profesora de primero de primaria me prestó un libro para que lo leyera. El libro era una colección de cuentos cortos, de una escritora barranquillera, Amira de la Rosa, titulado “La Luna con Parasol.” No recuerdo nada del libro, y no he vuelto a él desde entonces, pero aquel gesto de aquella profesora significó mucho en su momento y fue un gran impulso para seguir leyendo. Siempre he pensado en “La Luna con Parasol” como el primer libro-libro, con más letras que dibujos, que leí enteramente por mi cuenta.

Mi deuda es mayor con otro autor colombiano, Rafael Pombo. Todos los niños colombianos crecen leyendo y escuchando sus célebres “Cuentos Pintados”. Tienen un rima que los hace fácilmente memorables. En casa no teníamos muchos libros, pero sí que teníamos una compilación de las obras de Pombo, “Fábulas y Verdades”. Mi padre solía leerme algunos los poemas y cuentos menos conocidos, y cada noche rezábamos con una oración compuesta por Pombo, “Oración del niño al acostarse”, que mi padre me leía del libro. Sin duda, mi amor por la poesía tiene sus raíces en Pombo.

Resaltaría un último libro, esta vez asignado por el colegio. Otra colección de cuentos de la escritora argentina Elsa Bornemann, “Un elefante ocupa mucho espacio.” Es uno de esos libros de la colección azul de Torre de Papel, dirigidos a niños a partir de los 9 años, así supongo que esa edad tendría cuando lo leí. No recuerdo bien los otros cuentos, pero sí el impacto que me causó uno de ellos, “Potranca Negra”. Releí el cuento muchísimas veces hasta casi aprenderlo de memoria. Me parecía un cuento para saborear, inagotable. El final, tan sorprendente para mí en un primer momento, seguía sorprendiéndome igual con cada lectura. Creo que fue uno de los primeros deslumbramientos literarios, tan importantes para que crezca el amor por la lectura.

  • ¿Cómo comenzó tu gusto por la poesía?

Como decía en la pregunta anterior, creo que Rafael Pombo sembró una semilla. Luego, en la biblioteca del colegio encontré una antología de poemas en inglés que leí con entusiasmo. Hace un par de años estuve visitando a un amiga en su casa y vi que ese libro—el mismo, con el sello del colegio—estaba en su casa. Es una amiga con la que desde muy temprano empezamos a compartir nuestros gustos literarios, así que quizá soy la culpable de que el libro nunca hubiera regresado al colegio. Con esta amiga, cuando teníamos unos 14 años, empecé a ir al Festival Internacional de Poesía de Medellín, que convoca una gran cantidad de poetas de todo el mundo. El Festival tenía lugar durante nuestras vacaciones y nos pasábamos una semana entera yendo de un lado a otro de la ciudad a los distintos recitales poéticos. Quizá ahora me daría pereza tanta intensidad, pero en los años del bachillerato era mi semana preferida del año. Me acuerdo de muchos de los poemas y poetas a los que conocimos en esos días. Creo que esos tres años fueron definitivos. Por entonces empecé a escribir mis primeros poemas.

  • ¿En qué momento te entró el gusanillo de la escritura?

Creo que fue bajo la fascinación de aquellos recitales que empecé a escribir. Esa admiración que te lleva a decir “quisiera hacer lo que estas personas están haciendo”. Entonces escribí mis primeros versos, pero siempre con dudas, y no perseveré en el intento. El Festival tenía sus cosas buenas y no tan buenas. Íbamos a todo lo que podíamos, sin ningún criterio de qué sería bueno o a quién quisiéramos escuchar. Al fin y al cabo no conocíamos a nadie. A veces la poesía se convertía en un lugar incómodo, críptico, donde no estaba muy segura que quisiera estar. Fue entonces en la universidad, cuando leí a Enrique García-Máiquez, que se me abrió un nuevo mundo poético. Fue la puerta de entrada a una tradición de la poesía española de la aún sigo bebiendo. Encontré “mi lugar”, por así decirlo, mis maestros, y bajo esta nueva luz empecé a escribir—o a intentar escribir—un poco más en serio.

  • En la Universidad de Navarra se celebran el club de lectura de novela “Entre líneas”  y el club “Arte9”, centrado en el cómic, en el que una vez al mes se pone en común una lectura compartida. ¿Qué opinión te merece este tipo de actividad?

La mejor de las opiniones. Compartir lecturas es compartir experiencias, que suelen ser ocasión acercarnos más a otras personas. A veces los club de lectura nos exponen a libros que leemos por la sola ocasión de compartirlos, que de otra manera no nos hubiéramos siquiera interesado, pero que resultan siendo transformadores o pasan a formar parte de nuestro “almario”. Recientemente tuve esa experiencia con “Laurus”, un libro del que nunca había oído hablar y que probablemente no me hubiera interesado, pero le di la oportunidad para poder discutirlo con unos compañeros en la universidad, y me pareció maravilloso.

  • Estudiaste en la Universidad de Navarra, ¿eras usuaria de la Biblioteca?¿Cómo animarías a otro estudiante a utilizar la Biblioteca?

Siempre digo que lo que más extraño de la Universidad es la biblioteca. Siempre que podía entrar en la parte reservada a profesores y doctorandos sentía una gran alegría, como un niño puede sentirla en Disney World. Aparte de las personas—profesores y amigos—, lo más determinante en mis años en la universidad fue la biblioteca. Rara vez tuve la frustración de no encontrar lo que estaba buscando. Por el contrario, muchos libros me encontraron a mí y me marcaron definitivamente. Antes hablaba de Enrique García-Máiquez, por ejemplo, a quien leí por primera vez en la universidad. Esa lectura, por las muchas ventanas que me abrió, fue definitiva. La biblioteca de la universidad es maravillosa, también, porque es un microcosmos donde está casi todo lo que podía necesitar: libros, espacios para estudiar, oficinas de los profesores, oratorio, cafetería, seminarios. Recuerdo haber leído por ahí que la universidad es un montón de edificios reunidos alrededor de una biblioteca. En la Universidad de Navarra esto es una verdad medible geográficamente, pero es tarea de los estudiantes y profesores hacer que sea cierta en todo su sentido. Yo a veces pienso que la principal razón por la que me gustaría trabajar en una universidad es para tener siempre acceso a una biblioteca universitaria. A lo que están ahora en la universidad les diría lo obvio: que tienen un tesoro maravilloso que no pueden desaprovechar.

  • ¿Qué es para ti la lectura?

Qué mejor que citar unos versos de Emilio Quintana que lo dice mejor que lo que podría decir yo. Tras mencionar algunas de sus lecturas en diferentes lugares, el poeta concluye y resume su experiencia lectora así:

Serían incontables las horas solitarias,

esas felices horas en que yo

fui más bueno, más hermoso, más justo,

fui mejor.

Eso es.

  • El jurado del Premio Adonáis ha destacado de tu poemario “la facilidad aparente de convertir una sólida formación filosófica clásica en una puesta emocionante y fresca, gracias a un constante instinto del lenguaje y a un infalible oído poético”. ¿Qué has pretendido mostrar en Bello es el riesgo?

Como epígrafe de Bello es el riesgo he puesto una cita de Kierkegaard: “No es mi deseo descubrir novedades; antes bien, es mi mayor placer y ocupación favorita meditar justamente sobre aquello que parece más simple.” Como Kierkegaard, tampoco he pretendido mucho más que mostrar una mirada hacia las cosas más simples y cotidianas que son la materia de mi poesía. Allí están mis paseos por el campo, mis estudios en filosofía, mis conversaciones con amigos… y la esperanza que este “mi-mi-mi” pueda ser universal, que el “yo” no estorbe a las imágenes.

  • ¿En qué os parecéis tú y tu voz poética?

A ambas nos gustan los libros, la filosofía, el silencio, la buena compañía, el mar y las montañas, los pájaros y los simios, el pecan pie con helado de vainilla, el chocolate con churros, el otoño, la nieve, las bicicletas, las librerías de viejo, la Navidad, las listas…

  • Si pudieses ser un libro … ¿cuál sería y por qué?

Un libro corto y ligero, accesible a grandes y chicos, que dé felicidad. Algo así como las Aventuras de Tintín.

Muchas gracias Marcela por tu colaboración, te deseamos muchos éxitos en el futuro.