“El libro como espejo personal y de la vida”, palabras de D. Miguel Lluch

Este blog está formado principalmente por vosotros, lectores, y por las personas y libros que lo alimentan.

Ante la triste noticia del fallecimiento de uno de nuestros entrevistados, D. Miguel Lluch, recuperamos sus palabras.

Descanse en paz.

 

Entrevistamos a don Miguel Lluch Baixauli. Nacido en Valencia, allí estudió Historia  y después Teología en Roma. Ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1987. En Pamplona terminó la Licenciatura en Teología y el Doctorado en 1988. Obtuvo el Diploma de Estudios Medievales y el Doctorado en Historia de la Civilización Medieval en la Universidad de Lovaina (Louvain-la Neuve) entre 1990 y 1994. Ha enseñado Historia de la Teología y de la Iglesia en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 1987 y Antropología, Ética y Teología en diversas Facultades de la Universidad.

Subdirector del Instituto de Antropología y ética de la Universidad desde su creación en 1998 y Director entre 2001 y 2010. Ha publicado libros y artículos de temas relacionados con los estudios teológicos y de antropología y ética. Siempre interesado por el diálogo entre la fe cristiana y la cultura contemporánea, actualmente es profesor agregado en la facultad de Teología y trabaja en cuestiones de Teología contemporánea y sobre las grandes tendencias actuales de nuestra sociedad.

  • ¿Cómo nació su afición por la lectura?

Recuerdo el momento en el que comencé a leer. Era en “La Cigüeña”, la guardería valenciana de mis primeros años, que ya no existe. Creo que una de las profesoras que nos cuidaban me iba diciendo cómo hay que leer mientras yo me metía en la piscina y volvía a salir. De pronto, en uno de esos viajes me puse a leer yo solo. No recuerdo lo que pasó antes y después, pero ese momento no se me olvida. Ahí empezó todo… Bueno, podría haber sido de otras mil maneras, pero fue así y el momento está bien registrado y por eso he querido contarlo aquí. Después vino la afición por leer, creo que vino sola y que empezó muy pronto. No creo que me aficionara porque alguien me dijera que leer era muy útil o algo así, vino sola, como las cosas más auténticas. Me gustaba desde pequeño oír historias de la familia, de mis abuelos, de mis tíos y tías, esas historias que llegas a aprenderte casi de memoria. A la vez, me encantaba la Historia. Leía las biografías de grandes famosos, me encantaban las aventuras heroicas. No en grandes libros, colecciones juveniles y todo eso. Pero la Historia se me hacía cada vez más interesante. Y una cosa llevaba a la otra.

  • ¿Recuerda especialmente algún título o autor que le marcara en sus lecturas juveniles?

No, no recuerdo ninguno en especial. Sí recuerdo series o colecciones: Los Cinco y Los Siete Secretos de Enid Blyton, Las aventuras de Guillermo, los libros de Emilio Salgari, Karl May, Zane Grey, también recuerdo una una serie de libros en la que los protagonistas eran animales: Las aventuras de Kasperle y otras. No sé si fue la primera que me marcó pero recuerdo de aquellos primeros libros que me emocionó mucho El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia de Selma Lagerloff, Orzowei de Alberto Manzi…

  • Dejemos volar la imaginación: algún escritor o personaje literario al que le hubiera gustado parecerse…

Me pasaba algo que, de un modo diferente, me sigue pasando ahora. Me identificaba fácilmente con los personajes que me gustaban. Por su valentía, por su nobleza, por su abnegación. Supongo que esto le ha pasado a todo el mundo y es probable que sea una de las razones de la importancia de la lectura: el libro como espejo personal y de la vida. En cierto modo creo que un libro me gustaba cuando en él encontraba a alguien o a muchos a los que consideraba admirables, dignos de imitar, mejores que yo o con los que me sintiera identificado, vidas o aventuras que a mí me hubiera gustado vivir. Creo que me sigue pasando ahora, de otra manera, claro, y sin la fuerza arrebatadora de cuando casi no te das cuenta. Y me parece que ahí hay algo muy interesante para pensar y hablar. Porque el ser humano busca modelos y todo eso. Pero esto nos llevaría demasiado lejos ahora.

  • Valenciano de pro, ha vivido en Roma, en Lovaina, en Pamplona… Siendo lector viajero y universitario ¿destacaría algún hábito literario de los lugares que ha conocido?

No me atrevería a hacer un juicio sobre un horizonte tan grande. En cada lugar hay una serie de autores y obras que se tienen como los más representativos, los de “obligada lectura” para conocer lo esencial de la literatura de ese país. Con todos los matices que se quiera, creo que esto es verdad y lo sigue siendo. Pero por otro lado creo que, cada vez más, los hábitos son más parecidos en unos lugares y otros. Esto no pasa solo con la lectura sino con todas las manifestaciones culturales. Todo está más cerca y todo se va pareciendo cada vez más. Además, de lo que se escribe en Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, ahora leemos las novedades que van saliendo en los países escandinavos, en los países de Centroeuropa y del este, africanos, indios, chinos. Cada vez nuestro mundo cultural es más grande y más pequeño.

  • En su etapa de estudiante de Historia le viene a la memoria aquella lectura que le convenció de su vocación de historiador…

Por supuesto que no hubo una sola lectura y creo que lo que alimenta o hace que veamos más claro nuestra vocación profesional no es posible explicarlo porque es más grande que nosotros. De todos modos, en medio de muchos otros, hubo un libro que me impresionó mucho: Aproximación a la Historia de España de Jaime Vicens-Vives. Era una síntesis muy clara y muy comprensible. Dentro de lo que yo pudiera comprender entonces. También los dos tomos de Historia General Moderna del mismo autor. Lo curioso es que esto lo leía por mi cuenta, nadie me exigía que lo hiciera. Pronto comprendí que un buen historiador tenía que saber mucho pero también tenía que saber contarlo. Entonces yo no me preocupaba por nada del tipo salida profesional, eso estaba todavía fuera de mis horizontes, y no sabía que, con el tiempo, tendría que dar tantas clases y escribir tanto…

  •  Si se considera “medievalista”,  recomiéndenos buenas biografías de personajes clave de la Edad Media…

Durante años he trabajado sobre cuestiones medievales y lo sigo haciendo, pero no me considero “medievalista”, como decirlo, en todos los niveles. Ni como lector, ni como historiador, ni como teólogo. Por ejemplo, prefiero leer las biografías de personajes del siglo XX. Pero hay unas cuantas biografías excelentes, para todos los públicos, de los tiempos medievales: Santo Tomás de Aquino y San Francisco de Asís de Chesterton. Leonor de Aquitania, Eloísa y Abelardo, La mujer en el tiempo de las catedrales y San Martín de Tours de Régine Pernoud. El Cid Campeador de Menéndez Pidal. Tomás Moro de Peter Ackroyd. Tomás Becket de Pierre Aubé. Erasmo de Rotterdam de Stefan Zweig.

  • Algún libro que tenga respuestas para todo… Y algún libro que  plantee más preguntas que respuestas…

No creo que exista. De todos modos quisiera aprovechar esta pregunta para hacer una pequeña reflexión. Las respuestas rápidas: datos, cifras, fechas, etc. son cada vez más fáciles de encontrar. Para eso están los diccionarios, enciclopedias y la red. Pero las respuestas buenas son las que salen de nosotros mismos. De nuestra reflexión. Comprender el mundo y el hombre está en cada persona. Y ese es el verdadero interés. Una persona culta y rica interiormente, con una mirada que comprende hondamente lo que pasa a nuestro alrededor y sobre todo, lo que les pasa a los demás. Ese es el ideal del universitario. Romano Guardini dijo una vez hablando de John Henry Newman que no nos interesa Newman porque supiera esto a aquello sino por él mismo. Con esto respondo a la pregunta. Es la persona rica, honda y recta la que tiene respuestas para todo. Como cuando decimos de alguien “si él hubiera estado aquí cómo habría juzgado esta situación, este movimiento, esta tendencia”. Hay otra frase, que se atribuye a diversos autores pero que me gusta añadir. Hablando de dos personas dice: “Hay uno que sabe todas las cosas pero no comprende nada. Hay otro que no sabe todas las cosas pero lo comprende todo”.

  •   Ha formado parte de clubs universitarios y se ha encargado de nutrir sus bibliotecas, ¿qué títulos le parecen indispensables para una biblioteca juvenil universitaria?

Hay muchos libros, quizá demasiados. Para formar una biblioteca universitaria pienso que hay que elegir a los dos tres autores clásicos de cada lengua o país. Los griegos y romanos. Shakespeare, Dickens, Conrad, James, Dostoyevski, Tolstoi, Turguéniev, Pushkin, Cervantes, Lope de Vega, Calderón, Azorín, Machado, Baroja, Valle-Inclán, Moliere, Claudel, Bernanos, Dante, Manzoni, Roth, Zweig. Eso para empezar. Crear una base sólida, luego ya se puede ir aumentando según los gustos y las preferencias.

  • Si tuviera que dirigir un club de lectura ¿con qué frase brillante convencería a sus invitados?

Leer es vivir más. La lectura hace de nuestra vida personal algo más alto, más ancho, más profundo. Los medievales repetían una frase que se ha adjudicado a diversos autores, yo digo que es de Bernardo de Chartres, que dice algo así: “Nosotros somos pequeños, como enanos, pero que estamos montados sobre las espaldas de gigantes, ellos son más grandes que nosotros, pero nosotros podemos ver más lejos que ellos”.

  • En numerosas ocasiones ha formado a futuros profesores universitarios impartiendo cursos de doctorado de ética profesional ¿se arriesgaría a enumerar el abc literario de un profesional universitario?

No me atrevería a dar una lista de títulos. Pero les diría que tienen que conocer la bibliografía especializada de su “domaine” y estar al día en ella. Esto es importante. No vivir de lo que se estudió en un tiempo pasado sino seguir los avances de su ciencia, cada generación hace aportaciones que hay que tomar en serio. Además, y creo que me lo preguntáis por eso, les diría que no pueden contentarse con una mirada “microscópica” del mundo. Que tienen que ser cultos. No saber mucho de algo y nada de todo lo demás. Un profesor universitario tiene que saber especialmente de una serie de cosas pero eso le acabará secando. Alguien que sólo sabe de lo suyo y para quien lo demás prácticamente no existe es como un bárbaro aunque esté altamente cualificado en su especialización. Tiene que saber mirar el mundo en su totalidad, ser también un conocedor del ser humano y de las grandes cuestiones de la vida humana. La sabiduría especializada es necesaria en general. Pero en una persona concreta si se limitara a eso y no cultivara su humanidad se convertiría casi en un engendro de máquina,  como un ciego que solo ve el mundo por un pequeño agujero.

  • La última, y no por ello menos importante, cuéntenos qué libros se trae entre manos para este verano…

Tengo diversos géneros, porque no toda lectura es para todos los momentos. Estoy leyendo las obras principales de Karl Löwith, al que no había entrado todavía y me interesaba mucho porque es un autor que atraviesa la evolución de la historia de las ideas en el siglo XX, sobre todo sus estudios de Teología y Filosofía de la Historia. Para la teología estoy disfrutando de algunas obras de San Buenaventura que no había leído. También libros que no he leído de unos cuantos autores que ya conozco y que sé que me van a gustar: Henry James, Joseph Conrad, Joseph Roth, Edith Wharton, Dorothy Sayers, Stefan Zweig. También lo último que va apareciendo de Ian McEwan, Paul Auster, Ethan Canin, Vasili Grossman, Amélie Nothomb, John Connolly. Y siempre algunos libros de historia del siglo XX, en especial en torno a las Guerras Mundiales y la Guerra Fría.

 

La entrevista fue publicada originalmente el 26/07/2011