27 de marzo. Día Mundial del Teatro 2014

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Como cada 27 de marzo desde hace más de 50 años, hoy es el Día Mundial del Teatro 2014, una fecha que organiza el Instituto Internacional del Teatro de la UNESCO, y con el que se quiere poner en valor la labor realizada por los profesionales de esta forma de expresión artística..

  • Hoy con motivo de la celebración La escuela navarra de teatro presenta El refugio. Se harán tres pases: el primero a las 13.30 horas, el segundo a las 19.00 y el último a las 20.30. Cada uno durará alrededor de 30 minutos y la entrada será libre. Más información en Diario de Navarra.
  • La Federación de Teatro Amateur de Navarra celebrará el Día Mundial del Teatro  el domingo  30 en la Plaza del Castillo de Pamplona, y a partir de las 12:30 del mediodía se reunirán actrices y actores  aficionados de toda Navarra en la Plaza del Castillo con la intención de “declamar y regalar” extractos de textos teatrales a todas las personas que se acerquen al lugar. También se han marcado como objetivo el reparto de más de mil distintivos con las máscaras de la tragedia y la comedia teatrales entre los viandantes, “para que las y los vecinos de Pamplona sean también participes de este día.” Más información en el blog de la federación.

 

Este año el mensaje por el día del teatro está escrito por el dramaturgo africano Brett Brailey y dice lo siguiente:

Donde quiera que haya sociedad humana, el irreprimible Espíritu de la Representación se manifiesta.

Bajo los árboles de pequeñas aldeas y sobre sofisticados escenarios en grandes metrópolis; en salones de actos de colegios y en campos y en templos; en suburbios, en plazas públicas, en centros cívicos y en los subsuelos de las ciudades, la gente se reúne en comunión en torno a los efímeros mundos teatrales que creamos para expresar nuestra complejidad humana, nuestra diversidad, nuestra vulnerabilidad, en carne y hueso, aliento y voz.

Nos reunimos para llorar y para recordar; para reír y contemplar; para aprender, afirmar e imaginar. Para maravillarnos ante la destreza técnica, y para encarnar dioses. Para dejarnos sin respiración ante nuestra capacidad de belleza, compasión y monstruosidad. Vamos para llenarnos de energía y poder. Para celebrar la riqueza de nuestras diferentes culturas, y para hacer desaparecer las barreras que nos dividen.

Donde quiera que haya sociedad humana, el irreprimible Espíritu de la Representación se manifiesta. Nacido de la comunidad, lleva puestas las máscaras y vestimentas de nuestras distintas tradiciones. Utiliza nuestras lenguas, ritmos y gestos, y abre un espacio entre nosotros.

Y nosotros, los artistas que trabajamos con este antiguo espíritu, nos sentimos impulsados a canalizarlo a través de nuestros corazones, nuestras ideas y nuestros cuerpos para revelar nuestras realidades en toda su cotidianidad y su rutilante misterio.

Pero en esta época en la que tantos millones de personas luchan por sobrevivir, sufren bajo regímenes opresivos y el capitalismo depredador, huyen del conflicto y la escasez; en la que nuestra privacidad es invadida por servicios secretos y nuestras palabras censuradas por gobiernos intrusivos; en la que se aniquilan los bosques, se exterminan especies y se envenenan los océanos: ¿Qué nos sentimos impulsados a revelar?

En este mundo de poder desigual, en el que distintos órdenes hegemónicos intentan convencernos de que una nación, una raza, un género, una preferencia sexual, una religión, una ideología, un marco cultural es superior al resto, ¿se puede realmente defender la idea de que las artes deberían apartarse de las agendas sociales?

Nosotros, los artistas de escenarios y ágoras, ¿nos conformamos con las demandas asépticas del mercado, o utilizamos el poder que tenemos: para abrir un espacio en los corazones y las mentes de la sociedad, para reunir gente a nuestro alrededor, para inspirar, maravillar e informar, y para crear un mundo de esperanza y colaboración sincera?

Traducción: Fernando Bercebal