Soledades

soledadesSoledades ; Galerías ; Otros poemas, Antonio Machado, Cátedra, 1983.

Escrito entre 1899 y 1902, Soledades se publicó en 1903. En 1907 se editó una versión renovada, Soledades, Galerías y Otros poemas.

Sobre esta obra, el propio poeta escribe en 1917: “Las composiciones de este libro, publicado en enero de 1.903, fueron escritas entre 1.899 y 1.902. Por aquellos años, Rubén Darío combatido hasta el escarnio por la crítica al uso, era el ídolo de una selecta minoría (…) Pero yo pretendí (…) seguir camino bien distinto. Pensaba yo que el elemento poético no era la palabra por su valor fónico, ni el color, ni la línea, ni un complejo de sensaciones, sino una honda palpitación del espíritu: lo que pone el alma, si es que algo pone, o lo que dice, si es que algo dice, con voz propia, en respuesta al contacto con el mundo”.

Mucha es la obra poética de Antonio Machado y difícil decantarse por algún título en particular, sin embargo en este mes de marzo dedicado a la poesía quisiera traer a este blog Soledades. ¿Por qué? Obviamente porque me gusta mucho, emociona, me dice muchas cosas, maneja muchos sentimientos, empezando por el título, tan rotundo, tan seco.

De todo el libro, destaco este poema:

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra…

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.

Comienza el poema lleno de simbología: el camino como analogía de la existencia; el caminante como forma de vida. El protagonista ha batallado en varias guerras, y en todas ha coincidido con la misma tipología de personas: buenas y malas. Con la gente cuyo comportamiento es indigno, soberbio, el poeta se expresa con dureza; “mala gente que camina y va apestando la tierra…” (y aquí es donde he descubierto de dónde viene el título de la novela de Benjamón Prado Mala gente que camina).

Y como el acto de caminar, el poema es ágil, lugar en movimiento donde describir la sociedad de principios del siglo XX: los trabajadores trabajaban (cuando tienen trabajo), descansan, donde el tiempo pasa despacio, sin grandes expectativas, simplemente dejándolo pasar, en una época de grandes diferencias sociales y empobrecimiento generalizado.

Poema de vocabulario sencillo pero de hondo trasfondo social y crítico.

Inmaculada Setuáin Mendía