Día de la biblioteca

Continuamos rememorando los pregones de años anteriores por el Día Internacional de la Biblioteca, y ahora toca el pregón del 2011 a cargo de Patxi Zubizarreta, la ilustración es de Elena Odriozola.

Cartel Odriozola Dia biblioteca 2011

La Sirenita y la Pequeña Cerillera son personajes que a la mayoría de nosotros nos resultan familiares, pero quizá muchos desconozcan que el padre de Hans Christian Andersen fue un artesano pobre que sólo se sentía feliz los domingos: ése era el único día en el que sacaba tiempo para leerle cuentos y hacerle teatros a su hijo. Y, seguramente, pocos sepan que el escritor fue enterrado con una carta misteriosa escondida en el pecho…

La Pequeña Cerillera nos invita a mirar hacia fuera, sobre todo a la gente desamparada; Laura Esquivel, sin embargo, en su novela Como agua para chocolate nos aconseja mirar dentro. Afirma que cada persona tiene en su interior una caja de cerillas y que cada uno tiene su propia manera de encenderlas: una compañía agradable, una buena cena, una caricia, una fantasía, un poema… Pero advierte de que, si las cerillas no se encienden con frecuencia, la caja se humedece, es imposible volver a prenderlas y nutrir de energía el alma.

Julio Villar eligió precisamente una caja de cerillas para despedir a su diminuto amigo. En ¡Eh, Petrel! (relato de su vuelta al mundo en solitario) el marino cuenta que encontró al grillo en una noche de tormenta, y que éste le hacía mucha compañía; pero, finalmente, otro temporal se lo llevó: el pobrecillo murió ahogado y el viajero lo introdujo en una cajita, la envolvió en papel de plata y la posó en la estela de su velero.

Historias como éstas nos esperan en los libros de nuestras bibliotecas. Y, por alguna razón, los bibliotecarios me recuerdan a los beduinos: estos, cuando se retiran a dormir, dejan encendido un pequeño fuego en una duna a modo de faro en el mar de arena. Cuando algún peregrino o alguna persona extraviada se acerca, lo reciben como si fuera un príncipe, preso y poeta: lo acogen con todos los honores, lo hacen preso de sus agasajos y, al final, se ve obligado a elegir las palabras precisas para expresar su agradecimiento. Es así, precisamente, como recuerdo a tantas bibliotecarias.

De forma que en la biblioteca también nos sentimos príncipe, preso y poeta entre libros, revistas, periódicos, películas, canciones o propuestas digitales, entre ficciones y realidades que nos alertan y ayudan a mantener encendido nuestro espíritu crítico. Allí podemos elegir la forma de prender nuestras cerillas, si mirar hacia dentro o hacia fuera, y, quién sabe, puede que al final hasta nos aventuremos a investigar o a imaginar el contenido de la carta del escritor danés…