Los pájaros de Auschwitz

pajarosLos pájaros de Auschwitz, Arno Surminski, Salamandra, 2013.

Esta historia, ficcionada, parte de un hecho real. Günther Niethammer, un naturalista y miembro de las SS, fue guardia en el campo de exterminio de Auschwitz entre 1940 y 1942. Allí, consiguió permiso de sus superiores para realizar un estudio sobre las aves de la región. El resultado, una guía donde se detallan las 126 especies ornitológicas de la zona, se publicó durante la segunda Guerra Mundial bajo el título “Observaciones sobre la fauna ornitológica de Auschwitz”.

Es un hecho llamativo, lo suficiente como para que el escritor alemán Arno Surminski reparase en él y lo narrara. ¿Qué le llamaría la atención? ¿Lo mismo que a mí? ¿Lo incongruente, lo dual de la historia? ¿La disparidad entre la libertad de los pájaros y la opresión de los prisioneros? ¿La diferencia entre la observación de las aves y el agravio a los judíos? ¿La anomalía de estremecerse con un trino y no con la muerte diaria? Tantos hechos enfrentados

La novela cuenta la historia de Hans Grote, un ornitólogo nazi destinado en Auschwitz y de su ayudante Marek Rogalski, un prisionero polaco que dibuja las aves que Grote documenta. Lo que narra es muy impresionante, y cómo lo hace también, de manera mesurada, humanizando los dos personajes. “Que el lector juzgue”, ha debido de pensar el autor. Bien hecho. Así, la vida del nazi también está definida por el amor a su familia, por el fastidio de la añoranza, por la esperanza del regreso. Quizá ese lado familiar choca sobremanera al polaco, quien es puesto en el punto de mira por el resto de prisioneros por no asesinar al nazi en las muchas ocasiones que se le presentan (“Sin embargo, lo que de verdad le impedía matarlo era que carecía de razones para hacerlo… Para Marek no bastaba que Grote fuera alemán y llevara el uniforme de las SS” ; “yo solo he estudiado arte; no sé matar -responde el pintor-. Además, Grote no me ha hecho nada. ¿Por qué habría de matarlo?”). También se pregunta por la maldad de los nazis “¿Cómo es posible que teniendo unos poetas, unos filósofos y unos músicos tan extraordinarios cometan estas atrocidades?”. La conclusión a la que llega es “Han aprendido a obedecer para no tener que pensar. Las órdenes son las órdenes, dicen, cuando deben hacer algo a lo que como personas normales se negarían”.

En sus paseos ornitológicos, captor y preso hablan. Muy duro es este extracto “¿Se sabe los Diez mandamientos? ¿Qué opina del quinto? No matarás solo es aplicable a tu propia gente. Para lo ajeno, lo anómalo, es diferente; la palabra de Moisés no puede aplicarse a extranjeros o enemigos. <Matka boska> rezó Marek”.

En definitiva, una historia con muchas ramificaciones que me ha recordado a la “banalidad del mal“, expresión acuñada por Hannah Arendt, tan actual gracias a la película de Margarethe von Trotta.

Inmaculada Setuáin Mendía