“Las cosas más extraordinarias que he hallado en mi vida siempre han estado encerradas en los libros”

Foto: Néstor González
Foto: Néstor González

Antonio G. Iturbe (Zaragoza, 1967), estudió Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona. Lleva veinte años dedicado al periodismo cultural.

Ha colaborado en el suplemento de televisión de El Periódico, en la revista de cine Fantastic Magazine y en los suplementos de cultura de diarios como La Vanguardia o Avui. Trabaja desde hace dieciséis años en la revista Qué Leer, de la que actualmente es director. Ha participado en las secciones de libros de los programas de radio “Protagonistas”, “Onda Catalana” y la “Cope”. Ha publicado las novelas Rectos torcidos y Días de sal, y es autor de la serie de libros infantiles “Los casos del Inspector Cito”. Su última novela se titula La bibliotecaria de Auschwitz.

  • ¿Recuerdas cómo comenzó tu afición por la lectura?

¡Uf! Es como remontarse a épocas muy remotas… Mis primeros contactos con el hecho de leer se los debo a “Mortadelo y Filemón”, “La Familia Ulises” y “Anacleto, agente secreto”… los tebeos de Bruguera. Después vendrían los tebeos de súper héroes. Hubo una colección muy importante para mí: “Joyas Literarias Juveniles”,  novelas en forma de cómic. Y ahí me adentré por primera vez en 20.000 leguas de viaje submarino o Miguel Strogoff.  Leí todo Enid Blyton y me gustó mucho una serie titulada “Los tres Investigadores”.  A los escritores les gusta mucho decir que se introdujeron a la lectura con La divina comedia o Dostoievski, pero a mí, en ese tránsito entre la niñez y la adolescencia en el que corres el riesgo de perder el tren, el enganche hacia la lectura adulta me lo proporcionaron las novelas de Alberto Vázquez Figueroa, Frederick Forsyth y Dominique Lapierre & Larry Collins.

  • ¿Cuáles son tus géneros literarios preferidos?

El libro de viajes, las biografías de vidas extraordinarias narradas de manera literaria, la novela marítima y, cuanto mayor me hago, más me gustan los libros epistolares (de correspondencia). Cada vez más prefiero las historias reales que tienen la fuerza de lo vivido cuando me las cuentan con garra, que la fantasía pura.

  •  ¿Cuál es el último libro que has leído que nos quieras recomendar?

Acabo de terminar hace unos minutos las galeradas del nuevo (y me temo que último) libro del Comisario Méndez, de Francisco González Ledesma, Peores maneras de morir. Me ha dejado muy impresionado. Yo no soy aficionado a la novela policíaca, quizá porque nunca me ha preocupado saber quién es el asesino. A Méndez tampoco: él lo primero que se pregunta no es quién es el asesino sino quién es la víctima. Es un libro duro, pero de una sensibilidad extraordinaria.

  •  Cuando escribes, ¿te rodeas de una banda sonora concreta?; y si es así, ¿cuál ha sido (o podría ser) la de tu última novela?

Cuando escribo me acompaña la música del teclado. No es una metáfora. Yo, con el hábito de las antiguas máquinas de escribir, aporreo muy fuerte las teclas. Y creo mi propio ritmo.

  •  En cierta ocasión dijiste “abres un libro y ya estás en otra parte. H.G. Wells tenía razón, la máquina del tiempo existe: son los libros”. Bonita manera de definir un libro.

Es como lo siento. Esta tarde me subía al tren para volver a casa al final de la jornada y tomé el libro de Ledesma. Lo abrí y de repente ya no estaba en un tren sino pateando las calles del barrio chino de Barcelona, subiendo escaleras estrechas desgastadas “por el paso de los vivos y el roce de los muertos”. Yo ya no estaba en el tren, estaba en otra parte.

  • Llevas muchos años dedicándote al periodismo cultural, lo que te ha permitido asistir a su transformación. En la actualidad, ¿está el periodismo cultural donde debería estar?, porque, ¿en qué debería consistir esta parcela del periodismo?

Difícil resumir en pocas palabras. Sólo definir cultura nos llevaría horas, o años. La cultura es lo que hace que pasemos de ser mamíferos a ser personas. Y el periodismo cultural tiene una manera propia de ejercerse. Puesto que la noticia no es tan caliente ni se sustenta en el dato como en Política, Economía o Internacional, hay que convertir cada información en una pequeña historia.

  • Has escrito una serie de libros infantiles protagonizados por el Inspector Cito y su ayudante Chin Mi Edo. El nombre de estos protagonistas me recuerdan a los de Gloria Fuertes. ¿Leías sus cuentos de niño?

Pues no había pensado en eso. Pero alguno leí, aunque ya no me acuerde de manera precisa. Cuando era pequeño Gloria Fuertes era una presencia relevante en los programas infantiles de televisión. He de reconocer que con su voz tan rotunda, me fascinaba y me inquietaba a la vez. ¡Qué tiempos, en televisión aparecían poetas!

  • En La bibliotecaria de Auschwitz, novelas la historia de Dita Kraus, una adolescente que se ocupó de una pequeñísima biblioteca en el campo de exterminio de Auschwitz. ¿Cómo diste con esta historia?

Tropecé con ella mientras leía un libro sobre bibliotecas en la historia escrito por Alberto Manguel, La biblioteca de noche. Las cosas más extraordinarias que he hallado en mi vida siempre han estado encerradas en los libros.

  • Presupongo un arduo trabajo de documentación previo a la novela. ¿Visitaste archivos, bibliotecas? ¿Eres usuario asiduo de las bibliotecas?

Hice mi tarea de documentación, sí. También visité el gueto de Terezín en la República Checa y el campo de Auschwitz en Polonia. No sólo soy asiduo visitante de bibliotecas sino un gran fan. Yo, si ando despistado por la ciudad y no sé dónde meterme, busco una biblioteca. Encontrar una biblioteca es hallar un refugio.

  • Según relatas en La bibliotecaria de Auschwitz, en los campos de concentración existían los “libros vivientes”, personas que narraban libros en voz alta. Me viene a la cabeza Fahrenheit 451, la novela de Bradbury publicada en 1953, años después del horror nazi. Una vez más la realidad supera a la ficción. ¿Te ha pesado mucha la elaboración de esta historia?

La realidad de esta historia es tan extraordinaria que no tuve que inventar nada. Sí recreé situaciones, armé diálogos y junté personajes reales para que se rozasen. Esa es la potestad del novelista. Pero es un libro donde el novelista cose, pero la tela es toda real, la vida misma.

  • Diriges Qué leer, la revista de libros con más lectores de España (según el E.G.M. y la O.J.D.). ¿Cómo se lleva esto en un país donde se dice que se lee poco y en tiempos de crisis?

Es verdad que en España se lee menos que en países de nuestro entorno. Me da envidia cuando voy a playas turísticas y veo a tantos extranjeros leyendo bajo la sombrilla. Pero aun así no hay que ser derrotistas: se lee más de lo que se dice. Yo veo a la gente leer en el tren, en los autobuses… Naturalmente, una revista como Qué Leer nunca va a tener las ventas de Diez Minutos, pero hay un público interesado por los libros, los escritores y con curiosidad por conocer las novedades editoriales del mes. Y en eso estamos. Con dificultades, claro. Yo creo que en España la única empresa que no pasa dificultades es la del “Cobrador del Frac”.

  • Y para terminar, ¿cómo animarías a un no lector para que leyera?

Esta es la pregunta del millón. No se puede obligar ni se puede imponer. Tú puedes sugerir, tratar de proponer a la persona los libros que más se puedan acercar a sus intereses o sus capacidades, contagiar el entusiasmo, si es un niño puedes acompañarlo en la lectura, leerle en voz alta… La afición a leer es fruto de la seducción.

Agradecemos a Antonio su dedicación, rapidez y amabilidad. ¡Ojalá siga disfrutando de sus viajes librarios!