Una forma de resistencia

Una forma de resistencia : (razones para no tirar las cosas), Luis García Montero, Alfaguara, 2012.

No me gusta la obsolescencia programada. ¿Qué es eso de que las cosas que compras tengan fecha de caducidad porque así lo ha decidido el fabricante? ¡Que poca consideración! Es decir, ¿tengo que estar preparada para que, en cualquier momento, cuando esté sentada en mi butaca de leer, el asiento se rompa y aterrice en el suelo porque toca?. No hombre, no.

Además, con esta política comercial sacacuartos, nos frustran la posibilidad de tener apego por tus cosas. Aún recuerdo con pena aquel día en el que se me estropeó la nave espacial. “No merece la pena arreglarlo, le van a salir más caras las cintas que el manto”- sentenció el técnico. Argggggg, qué rabia. Era la nave que me había regalado mi tía Selene por mi 21 cumpleaños. Le tenía mucho cariño. ¿Qué será lo siguiente? ¿No le voy a poder legar a mi hijo la batidora de tres brazos especial para zumos tropicales?

Confieso que me declaro insumisa a este plan. Si vierais mi teléfono, le hablaríais de usted, no os digo más. Muchas veces me han tentado desde el 1004 para que cambie de móvil (y de paso comprometerme con ellos un tiempito).

– Pero si es gratis- dicen.

– Que no, que no- contesto, firme.

“Navarra cabezona”, pensarán algunos. “Pues sí”, digo yo.

Luis García Montero es de los míos, de los que sienten aprecio por las cosas más banales y se para a contemplarlas. Así, en este tomo, junta sus objetos cotidianos y los relaciona con su vida: las gafas que siempre se pierden, la butaca que le acoge, el boli que juega al escondite, el jersey que regresa cada otoño después de pasar las vacaciones estivales en el armario, etc. Leyéndole tengo la sensación de estar escuchando a un conocido, es tan sencillo lo que plasma.

Descubriendo sus cosas, pienso en las mías, en esos elementos de mi día a día que me esperan cada mañana de manera silenciosa y que no quiero que desaparezcan de mi vista. El albornoz con capucha, las mantas de rayas, las sábanas bordadas, el trapo de cocina que parece un campo de margaritas… Apreciar estas cosas es valorar la vida.

Inmaculada Setuáin Mendía