«La lectura tiene las virtudes de un complejo vitamínico»

CARLOS GOÑI ZUBIETA
FÍA’86 ( Universidad de Navarra), Doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona. Profesor de Filosofía en Secundaria y Bachillerato. Imparte charlas de formación a padres y madres. Está casado con Pilar Guembe y tienen dos hijos adolescentes.
Co-autor de No se lo digas a mis padres, ¡Es fácil ser padres! (Ariel) y No me ralles (Nabla); ha publicado una veintena de obras más, entre las que destacan: Alma femenina. La mujer en la mitología (Espasa), Cuéntame un mito (Ariel), Lo femenino (Eunsa), la novela infantil titulada Del Laberinto al 30 (Planeta-Oxford), Una de romanos (Ariel), Las narices de los filósofos (Ariel), Platón y yo (EIUNSA), Déjate ser feliz (RBA Libros) y su última publicación, Porque te quiero (Desclee De Brouwer). Colabora en el consultorio “Top secret”, dirigido a adolescentes.

PILAR GUEMBE MAÑERU
Licenciada en Ciencias de la Educación por la Universidad de Navarra. Realiza su labor de orientadora en dos centros escolares, abarcando todas las edades, desde preescolar hasta adolescentes y jóvenes. Su tarea no sólo se reduce a los alumnos sino también a los padres y profesores. Dirige una escuela de padres e imparte conferencias sobre educación. Profesora de Secundaria y tutora del Practicum de Psicopedagogía de la Universitat de Lleida. Colabora en el consultorio “Top secret”, dirigido a adolescentes.
Co-autora con su esposo Carlos Goñi de No se lo digas a mis padres (Ariel), ¡Es fácil ser padres! (Ariel), No me ralles: claves para hablar con hijos adolescentes (Nabla) y Porque te quiero (Desclee De Brouwer).

( Para Carlos )

  • Más de treinta títulos sobre temas de Filosofía, Antropología, Mitología, Ética, Pedagogía, Historia, etc. avalan tu fecundidad como escritor humanista. Deducimos que, por detrás del espejo, habrá seguro un gran lector. ¿Qué autores u obras han forjado la visión del mundo que muestras en tus obras?

Creo, como Terencio, que nada de lo humano me es ajeno, por lo que mis lecturas son muy diversas, tanto autores clásicos como contemporáneos. Los clásicos, como Homero, Platón, Aristóteles, Séneca, Cicerón, San Agustín, Cervantes, Shakespeare,… guardan los grandes secretos sobre el ser humano; no puedo, por eso, dejar de acudir a ellos con frecuencia, como se visita a un amigo. Los contemporáneos están ahí, son los colegas con los que hay que dialogar, aunque las más de las veces acabamos hablando de los clásicos. Como filósofo me veo obligado a andar muchos caminos, a acudir a todas las fuentes, a leer desde tratados de filosofía hasta novelas de aventuras, pasando por la mitología, el teatro y la poesía, porque todo nos habla sobre lo que somos, lo que fuimos y lo que podemos llegar a ser.

  • Una de las intenciones de sus obras es la de “despertar las conciencias”. ¿Cómo pueden los libros actuar de gatillo? ¿Qué títulos crees fundamentales para lograr una biblioética?

Un libro que no nos conmueva en algún sentido, sea emocional o intelectualmente, no cumple su función. Una máxima latina dice que «no hay libro tan malo que no aproveche en algún sentido», porque todo libro nos puede, como mínimo, hacer pensar. Una posible biblioética debería contener las grandes novelas de la literatura donde se nos muestran tipos humanos cuyos comportamientos son imitables o censurables. A vivir se aprende viviendo, pero también leyendo. Así podemos aprender el obrar prudente en la Odisea, la tortura de los celos en Otelo, la fuerza de la conciencia en Crimen y castigo, el bien y el mal en El señor de los anillos, el idealismo y el realismo en El Quijote, la sociabilidad en El Señor de las Moscas, la ilusión en El Principito, etc., etc.

  • Tu último libro, Los otros caballeros andantes, es un ensayo sobre la mitología en El Quijote, ¿Qué tiene de especial la novela cervantina?

El Quijote es la novela por antonomasia, la leo regularmente y, cada vez, me sorprende más y encuentro cosas que antes no había visto. El Quijote es una obra inconmensurable, en ella, el filósofo encontrará razones; el teólogo, convicciones; el poeta, versos; el novelista, argumentos; el psicólogo, arquetipos humanos; el moralista, preceptos; el historiador, datos; el pedagogo, ejemplos; el militar, arengas; el estudiante, consejos; el amante, amantes; el lector, deleites; el escritor, horizontes; el gramático, hipérbatos; el mitólogo, mitos. Cada cual encuentra lo que busca y, si no busca nada, descubre, cuando menos, el placer inmenso de la lectura.

  • ¿Crees que en la actualidad se lee más que nunca?

Probablemente no haya habido nunca tantos lectores ni tantas ofertas de libros. Se lee mucho pero menos de lo deseable; unos pocos leen mucho y muchos leen muy poco. Ante tantos títulos en el mercado, serían muy útiles guías de lectura a medida, entrenadores personales que nos propusieran obras de inicio, de musculación o de mantenimiento, algo así como los “asesores filosóficos” que ya funcionan en algunos sitios.

(Para Pilar)

  • En tu trato continuo con alumnos, ¿has detectado que los chicos con padres lectores leen más?

Los padres son ejemplo en todo. Los niños oyen lo que ven y hacen lo que sus padres hacen. Una casa llena de libros, donde la lectura es algo cotidiano, lo normal es que leer sea algo normal. A leer no se obliga, sino que se invita. Es lo que tenemos que hacer los padres: invitar a leer y para ello debemos crear un ambiente que invite a tomar un libro. Eso no significa que tengamos que simular ser grandes lectores: la artificiosidad no educa.

  • Tienes mucho “roce” con todo tipo de alumnos. ¿Les sueles aconsejar la lectura de libros para  la resolución de los temas o para hacerles reflexionar?

Sí, especialmente en la adolescencia. “Toma este libro o lee este capítulo y la semana que viene lo comentamos”. Mientras un chico o una chica está leyendo, está reflexionando, y eso le viene muy bien. De hecho, te agradecen que les prestes un buen libro con un simple comentario: “A mí me encantó”.

  • Te mueves en un mundo juvenil muy tecnológico y digital. ¿Qué opinión te merecen las nuevas tecnologías (redes sociales, blogs, etc.) en el aprendizaje y en la docencia?

Hay que aprovecharlas porque, aunque encierran algunos riesgos, tienen muchísimas ventajas. Como todo, hay que saber utilizarlas. Hay colegios que han creado blogs de lectura en el que los alumnos cuelgan sus reseñas y se intercambian libros.

  • En tu opinión, ¿por qué se pierden lectores en los años adolescentes?

En la adolescencia aparecen más intereses: amigos, música, salidas, deporte… Hay grandes lectores, pero muchos pasan por una auténtica sequía. Han sido muy lectores de niños y de pronto parece que ningún libro les llame la atención. Por lo general, suele ser algo pasajero y, quien ha leído, vuelve a leer. A los padres preocupados por esta situación, hay que aconsejarles paciencia, porque a veces les podemos “rallar” y conseguir que aborrezcan la lectura.

(Para los dos)

  • En esta época en la que los medios de comunicación elegidos para llegar al gran público pasan –para muchos– necesariamente por Internet, ¿vosotros preferís seguir apostando por el clásico libro en papel?

Mientras se lea, da lo mismo un soporte que otro. Sea bienvenido el libro digital si eso hace que muchos jóvenes y no tan jóvenes puedan leer. Claro que el libro en papel tiene algo –no sólo romántico– que lo hace imprescindible: el pasar páginas, el dejarlo abierto sobre el pecho mientras reflexionamos, el subrayado y las notas al margen, el poder dedicar un libro, poder envolverlo, verlo en la estantería, olerlo, etc.

  • En vuestro último libro, Porque te quiero, dedicáis un capítulo a la lectura…

Porque creemos que la lectura tiene para nuestros hijos las virtudes de un complejo vitamínico: les prepara para el aprendizaje, les aporta vocabulario, les provee de experiencia, les proporciona conocimientos, les previene contra el aburrimiento, les abre horizontes… Debemos convencerles de que es el juego más divertido, el programa más ameno, el amigo más fiel y el deporte que más en forma les puede poner.

  • ¿Qué libro os ha marcado más en vuestra tarea de escritores?

El libro más apasionante: el de ser padres.