Palabras de Gustavo Martín Garzo

(…) El que pregunta quiere saber, descubrir algo, y la imaginación es la facultad que nos permite abandonar el territorio de lo conocido y lo previsible e internarnos en el vasto campo de lo posible. Emily Dickinson dijo que la poesía es una casa encantada. Eso son los cuentos, la Casa de la Posibilidad. Lo bueno de contar un cuento a un niño es que creamos un lugar nuevo, un lugar donde podemos tener una segunda vida. No creo que ninguno de nosotros fuera gran cosa sin esa segunda vida que sólo nos entregan a los sueños.

Julien Green escribió que la imaginación es la memoria de lo que no sucedió nunca; y nosotros añadimos, pero debió suceder. Es un acto de rebeldía frente a esa realidad cotidiana que impone a los hombres una manera de vivir y de comportarse que nada o casi nada tiene que ver con lo que de verdad desean o son. La imaginación es como ese doble enmascarado que en los relatos de aventuras abandona el ámbito de seguridad de la casa y se escapa aprovechando la noche por los tejados. Nos promete el mundo de las ventanas iluminadas, de los tesoros que brillan en la oscuridad, de los amores prohibidos. Es decir, todo lo que sin duda merecimos pero no llegamos a tener. Santa Teresa la llamó la loca de la casa, pero su misión está llena de sentido común. Hacer que la realidad vuelva a ser deseable, y que los deseos se hagan reales. En definitiva, que eso que llamamos lo real no pueda existir sin el anhelo de lo verdadero.

Gustavo Martín Garzo – Cartagena, 16 de mayo de 2008