“Siendo niños éramos agradecidos con los que nos llenaban los calcetines por Navidad. ¿Por qué no agradecíamos a Dios que llenara nuestros calcetines con nuestros pies?” G.K. Chesterton

Como en cada ocasión señalada, el blog de  Leyendo se entiende la gente abre las puertas de su humilde espacio en la Web para que -quien quiera- felicite la Navidad que ya se avecina a través de un comentario, una recomendación lectora, o simplemente compartiendo «el espíritu navideño» que ya se palpa en nuestras casas y calles.

Qué mejor regalo que un libro, diréis muchos, pues en efecto, nosotras no podemos regalaros nada material (¡y no es por la crisis!) pero sí que podemos regalaros nuestra ilusión de vivir otros mundos, y de soñar otras vidas, gracias a ese conjunto de hojas de papel o algún material semejante que, al estar encuadernadas, forman un volumen.

¡Felices fiestas desde Leyendo se entiende la gente!

La delicadeza, David Foenkinos, Seix Barral, 2011.

El diccionario de la RAE define el término delicadeza con las siguientes acepciones:
1. Finura.
2. Atención y exquisito miramiento con las personas o las cosas, en las obras o en las palabras.
3. Ternura, suavidad.
4. Escrupulosidad.

Vamos a ver si estas definiciones y el contenido del libro casan:

Finura. Cualidad de fino. Sí, «La delicadeza» es una novela de 224 páginas que parecen menguar debido a sus cortos capítulos y a la agilidad de la narración.

Atención y exquisitez. Sí, se ve el respeto con el que el autor trata a sus personajes.

Ternura, suavidad. Hay ternura en esta historia. Y tranquilidad. Lo que no he percibido es que los protagonistas sean frágiles. Ni melifluos. Son fuertes, cada uno con lo suyo: Nathalie afrontando la muerte de su marido y Markus lidiando con su condición de original.

Escrupulosidad. Si la tomamos como sinónimo de exactitud, la hay hasta que los golpes de la vida y los inesperados sentimientos de los protagonistas les trazan caminos indefinidos.

Conclusión: título bien elegido.

El argumento es el siguiente: