175 años del fallecimiento de Mary Shelley

Nacida en Londres el 30 de agosto de 1797, Mary Shelley creció en un entorno intelectual excepcional. Hija del filósofo William Godwin y de la escritora y pensadora Mary Wollstonecraft, desde muy joven estuvo rodeada de ideas progresistas, debates literarios y una intensa vida cultural que marcarían profundamente su formación.

Desde la adolescencia mostró una inclinación temprana por la escritura y la reflexión intelectual. Su vida estuvo atravesada por experiencias intensas y, en ocasiones, dolorosas, como la muerte de su madre poco después de su nacimiento, la compleja relación con su padre y diversas pérdidas personales. Estos acontecimientos influyeron de manera decisiva en la profundidad emocional y temática de su obra.

A comienzos del siglo XIX, durante una estancia en Suiza junto a Percy Bysshe Shelley, Lord Byron y otros escritores, concibió la idea de Frankenstein o el moderno Prometeo, publicada en 1818 de forma anónima. La novela, que combina elementos del romanticismo, la ciencia y la reflexión filosófica, supuso una aportación innovadora a la literatura de su tiempo y la consolidó como una figura clave en el nacimiento de la ciencia ficción moderna.

Además de Frankenstein, Mary Shelley escribió novelas, relatos, ensayos y biografías, explorando temas como la responsabilidad moral, la soledad, el poder del conocimiento y los límites de la ambición humana. A pesar de vivir en una época en la que el reconocimiento literario para las mujeres era limitado, perseveró en su carrera con constancia y rigor intelectual.

Mary Shelley falleció en Londres en 1851, a los 53 años. Su legado literario perdura como testimonio de una mente creativa y visionaria, capaz de anticipar debates éticos y científicos que siguen siendo plenamente actuales, y de ofrecer una mirada profunda sobre la condición humana y sus contradicciones.

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