Ángel González (Oviedo, 1925 – Madrid, 2008) es una de las figuras más destacadas de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX. Su obra, enmarcada dentro de la llamada poesía de la experiencia, se caracteriza por un lenguaje claro, un tono coloquial y una profunda carga ética y emocional, donde confluyen el compromiso cívico, la ironía y una reflexión constante sobre el tiempo y el amor.
Su vocación literaria se consolidó durante una larga convalecencia por tuberculosis en la década de 1940, periodo en el que comenzó a escribir poesía. La publicación de su primer libro, Áspero mundo (1956), tras quedar finalista del prestigioso Premio Adonais, marcó su entrada en el panorama literario español. Esta obra ya anunciaba algunos de los temas recurrentes de su poética: la soledad, la injusticia, el desencanto y la fragilidad humana, tratados desde una voz íntima pero socialmente consciente.
A lo largo de su carrera, González cultivó una poesía que apostaba por la claridad expresiva y la hondura conceptual. Obras como Sin esperanza, con convencimiento (1961), Grado elemental (1962), Tratado de urbanismo (1967) o Prosemas o menos (1985) consolidaron su estilo, profundamente influenciado por el contexto histórico de la posguerra, pero también por una visión humanista que nunca renunció a la belleza ni a la crítica.
Su poesía fue reunida en Palabra sobre palabra, antología que se convirtió en una referencia indispensable para varias generaciones de lectores. González fue también un fino lector y estudioso de la literatura, lo que se reflejó en su labor como profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad de Nuevo México, donde enseñó desde 1974 hasta su jubilación en 1993.
Su reconocimiento institucional llegó con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1985 y su ingreso en la Real Academia Española en 1996, donde ocupó el sillón «P». A lo largo de su vida, mantuvo un estrecho vínculo con otros poetas de su generación, como Jaime Gil de Biedma o José Agustín Goytisolo, con quienes compartió no solo afinidades estéticas, sino también una visión crítica del mundo.
En sus últimos años, su obra trascendió el ámbito estrictamente literario al colaborar con músicos como Pedro Guerra y Joaquín Sabina, explorando nuevas formas de difundir la poesía a través de la música.
Ángel González falleció en 2008 en Madrid. Su legado poético sigue siendo un referente indiscutible dentro de la literatura española contemporánea. Su voz, a la vez serena y combativa, sigue resonando como testimonio de una conciencia lúcida ante el paso del tiempo, el amor, la injusticia y la condición humana.
Puedes consultar su obra en el catálogo de la Biblioteca.
