«Los libros, los buenos libros, también tienen música, musicalidad, y eso incita al goce de la belleza».

FOTO: Manuel Castells
FOTO: Manuel Castells

José Benigno Freire es doctor en Pedagogía, licenciado en Filosofía, licenciado en Ciencias de la Educación (Universidad de Navarra) y licenciado en Psicología (Universidad Complutense). Profesor de Psicología de la Personalidad en la Facultad de Educación y Psicología, y Profesor del Máster en Matrimonio y Familia del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad de Navarra.

Ha escrito varios libros entre los que destacan La felicidad inadvertida, Humor y serenidad en la vida corriente, La personalidad y sus teorías y ¡Vivir a tope!

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  • ¿Recuerda las lecturas de su infancia?

Yo no he sido un lector de infancia, sí un voraz lector de adolescencia. Estoy casi absolutamente seguro que mi querencia hacia la psicología nació de la lectura de tres libros en el verano de los dieciséis años: Nudo de víboras, François Mauriac; Uno, ninguno y cien mil, Luigi Pirandello; Bonjour tristesse, Françoise Sagan.

  • ¿Cuáles son sus escritores favoritos?

En este sentido soy algo especial: más que escritores tengo temas favoritos. Leo muy a gusto -no por requerimiento profesional- antropología neotomista y psicología humanística. También biografías, con el interés de desentrañar la personalidad de los personajes. Disfruto mucho con los conocidos clásicos rusos. Y tengo alguna debilidad personal: Azorín –injustamente olvidado, en mi opinión-, Wenceslao Fernández Flórez, Stefan Zweig.

  • ¿Cree que un lector nace o se hace?

Las dos cosas, en influencia recíproca.

  • En su opinión, ¿cuáles son los beneficios de la lectura?

Yo reformularía la cuestión como los beneficios de la buena lectura. Pienso que se está relegando y olvidando el principio de selección de las lecturas, un criterio de simple sentido común y sensatez; seleccionar según los contenidos, pero también según la calidad literaria. Hay lecturas inocuas en lo referente a la propia formación y, sin embargo, de una sosería empalagosa y de muy mal gusto.

  • Decía Marcel Proust que “la finalidad de la lectura literaria debe ser que el lector sea capaz de leer su propio libro interior y descifrarlo”. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?

Sí. Un buen libro ha de destilar el poso de alguna idea, pero también emociones, ideales, sueños…

  • ¿Piensa que lo que leemos influye en nuestro estado de ánimo? ¿Algún título que le haya alegrado, entristecido, calmado…?

Por supuestísimo, y en ocasiones mucho más de lo que somos conscientes. Suelo sugerir con gran entusiasmo un libro paradigmático: El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl; un texto elaborado sobre el hediondo paisaje de los campos de concentración que, casi inexplicablemente, genera ganas de vivir, de hacer el bien. En los últimos años me tiene fascinado La paz interior, de Jacques Philippe; un libro de espiritualidad que recomiendo su lectura como si fuese un libro psicológico, un libro anti-estrés. Es impresionante cómo relaja el ánimo, cómo apacigua el torbellino afectivo.

  • ¿Cree que leer puede considerarse “una felicidad inadvertida”?

Los buenos libros, sí. Suelo distinguir, de una forma coloquial, entre el escenario y la música de un libro. Con frecuencia nos anclamos en el mundo de las ideas, de los sentimientos, conocimientos. Pero los libros, los buenos libros, también tienen música, musicalidad, y eso incita al goce de la belleza. En ocasiones, es un placer leer y releer un párrafo, con independencia del mensaje, y disfrutar cómo los autores ingeniosos son capaces de decires bellos para acontecimientos o sentimientos menudos. Disfrutar de la belleza es un festín para la intimidad, nos humaniza.

  • ¿Como profesor anima de alguna manera a sus alumnos para que se acerquen a la lectura?

Sí, y con entusiasmo. Aunque reconozco que la cuestión se está poniendo especialmente peliaguda. Ahora creo tener mejor acogida cuando recomiendo buenas películas.

  • ¿Qué necesita tener un libro para que le enganche desde el primer momento?

En eso soy un hombre especialmente afortunado: lo difícil es que no termine un libro, y con rapidez. No recuerdo abandonar más allá de cinco o seis libros a lo largo de mi vida.

  • Para finalizar, ¿con qué autor o autora le gustaría compartir mesa y mantel?

Con dos, quizá no al mismo tiempo: Juan Ramón Jiménez y Rabindranath Tagore.

Agradecemos a José Benigno este tiempo de lectura compartida.