«Nunca se ha leído tanto como ahora, ya sea en pantalla o sobre papel»

Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) es licenciado en filología hispánica por la Universidad de Zaragoza y desde 1985 reside en Alemania, donde ha trabajado como profesor de español. Fue miembro del Grupo CLOC de Arte y Desarte.

Es uno de los narradores más destacados de la actualidad, con galardones como el Premio Ramón Gómez de la Serna 1997 y el Premio Euskadi 2001.

Es autor de las novelas Fuegos con limón (1996), Los ojos vacíos (2000), El trompetista del Utopía (2003, adaptada al cine por Félix Viscarret con el título Bajo las estrellas), Vida de un piojo llamado Matías (2004), Bami sin sombra (2005) y Viaje con Clara por Alemania (2010), así como de los volúmenes de relatos No ser no duele y Los peces de la amargura, obra merecedora del XI Premio Mario Vargas Llosa NH, el Dulce Chacón y el Premio Real Academia Española.

También ha publicado los poemarios bilingües, en español y euskera, Ave Sombra (Itzal Hegazti, 1981) y Bruma y conciencia (Lambroa eta kontzientzia, 1993).

El ladrón de ladrillos (1998) y Mariluz y los niños voladores (2003) son sus libros para niños.

 

1ª- Usted vive en Alemania desde hace 25 años. ¿Siente morriña de su tierra natal?

Siento, según qué días, nostalgia de mi juventud transcurrida casualmente en mi tierra natal. Es la mía al parecer una morriña más del tiempo que del espacio. Como me consta que no tiene solución prefiero no concederle demasiado sitio en el pensamiento.

2ª- Díganos, ¿cuál fue ese libro que le introdujo en el hábito lector de manera fulminante?

El Lazarillo de Tormes , un libro que he reescrito en diversas ocasiones sin haber llegado en ninguna de ellas, claro está, a la altura del original.

3ª- ¿Algún título que haya leído últimamente y que nos quiera recomendar? ¿Cuáles son sus escritores favoritos?

Lo último verdaderamente grande que he leído fueron los cuentos de Manuel Chaves Nogales, reunidos bajo el título de A sangre y fuego . En cuanto a mis escritores favoritos, lo cierto es que tengo la capilla repleta. Me van mucho los novelistas del frío, los densos intelectuales de la Europa central, los clásicos castellanos y los poetas en lengua española de los cuatro primeros decenios del siglo XX.

4ª- Usted ha sido profesor de español en Alemania durante muchos años. ¿Recomendaba lecturas en español a sus alumnos? Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura y Ana María Matute, Premio Cervantes. ¿Son conocidos estos escritores en Alemania?

Vargas Llosa era muy conocido en Alemania antes de obtener el Premio Nobel. De Ana María Matute nunca he oído hablar en Alemania hasta el otro día. En cuanto a mis alumnos, teniendo en cuenta que eran colegiales de entre seis y dieciséis años, procuré hacerles apetecibles libros apropiados a su edad.

5ª- Fuegos con limón fue la novela que le dio el salto a la fama. Además, recibió elogios tanto de la crítica como del público. ¿Cómo vivió ese torbellino de éxito?

Pues muy plácidamente porque no hubo tal torbellino. Fuegos con limón es una novela de más de seiscientas páginas cuya primera edición tardó más de doce años en agotarse. Me la cubrieron, eso sí, de elogios en la prensa, creando ese típico fantasma coronado por el éxito que se da tanto en España. Calculo que el 80% de los elogiadores no la ha leído hasta el final.

6ª-Después de esa novela, escribió un divertido cuento protagonizado por un piojo (Vida de un piojo llamado Matías). ¿Desconcertó a sus lectores? ¿Cómo decide escribir sobre un tema u otro?

La historia del piojo Matías no es más que una recreación del Lazarillo de Tormes aplicada al mundo de los pequeños animales. Es esta por lo visto una obsesión mía: la de que uno vive en un mundo dominado por la violencia, las penalidades y la falsedad, y se las debe ingeniar como sea para salir adelante. En cuanto a los temas, bueno, digamos que aspiro modestamente a crear una obra variada con la esperanza de legar un retrato personal de los seres humanos lo más complejo y exacto posible.

7ª- Una de sus novelas El trompetista del Utopía fue llevada al cine. ¿Le gustó la adaptación? ¿Intervino de alguna manera en su producción?

Me gustó la adaptación. Fue hecha con libertad de criterio y con talento. No intervine en ella sino para dar el visto bueno al guión. Me permití, en un momento dado, hacer un par de sugerencias con las que no logré estropear la película, ya que por fortuna no fueron atendidas.

8ª- Sus novelas las traducen al alemán y usted traduce del alemán. ¿No se siente con fuerzas de “hincarse el diente”?

Para nada. Cada día estoy más convencido de que escribo para perderme de vista. Y traducir obliga a una convivencia con las interioridades del escritor que, en el caso de que yo fuera mi propio convivido, me resultaría de todo punto insoportable.

9ª- Ha escrito poesía, teatro, novela; escribe en castellano y traduce del alemán; publica novelas de humor y dolorosos textos con la misma soltura… Alguna vez le habrán dicho “Fernando, ¡hay que ver cuánto vale!!”

Esto de la soltura es como salir a la calle peinado, con los dientes cepillados y la ropa planchada. El trabajo ingrato, las horas de desesperación y el rechinar de dientes no los ve nadie porque ocurrieron en casa.

10ª- Con su último libro publicado Viaje con Clara por Alemania consigue sacar al lector más de una sonrisa. Me ha parecido un libro paródico. ¿Estoy desencaminada?

Totalmente. Quizá sea mi libro más triste. Esto no se contradice con el hecho de que contenga numerosos pasajes que muevan a risa. Yo no concibo cómo la mayoría de la gente piensa que el humor es una cosa ligera y por supuesto superficial, apenas útil para pasar el rato y que ya queda de sobra recompensada con sonreír un poco. Pues no, al menos no en el caso de mi libro, donde la responsabilidad de la narración recae sobre un tipo que en el fondo profesa una idea trágica de la existencia. De ahí que se dedique con sostenido denuedo al coleccionismo de pequeños placeres y a otros consuelos cotidianos con los que en el fondo trata de compensar su absoluta falta de fe.

11ª- Para terminar, nos gustaría conocer su valoración sobre el hábito lector en el siglo XXI. ¿Tiene buena salud o hay que ingresarlo en la UVI?

No lo sé, no soy médico de lectores. Creo que se da en nuestros días una como sacralización de la lectura tradicional, esto es, la del que se retira a las proximidades de una lámpara con un libro en las manos, a poder ser digno de figurar en el canon de la gran literatura, y adquiere cultura con religiosa unción. Por otro lado, nunca se ha leído tanto como ahora, ya sea en pantalla o sobre papel. En fin, no tengo un diagnóstico ni mucho menos una medicina.

Agradecemos a Fernando Aramburu el tiempo que nos ha dedicado.