Juan Gracia Armendáriz nació en Pamplona, el 11 d
e marzo de 1965. Vivió en distintas localidades de Navarra, y en México durante tres años. De regreso a España, comienza a publicar sus primeros escritos en revistas culturales y universitarias. En 1989 se licencia en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra y se traslada a Madrid, donde colabora con diversos medios y suplementos culturales: El Mundo, Cuadernos Hispanoamericanos, Diario de Navarra, Heraldo de Aragón, Diario 16, Ínsula, Litoral… Amplía sus estudios al ámbito de la Estética y Teoría de las Artes. Publica sus primeros libros de poesía y relatos, y obtiene diversos premios y becas en el apartado de narración. En 1991 se doctora y comienza su labor docente en la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de numerosos trabajos de investigación literaria y documental. En 2002 publicó su primera novela. En la actualidad, compagina su labor docente con la creación literaria. La novela, el relato y el artículo periodístico son los géneros que cultiva. Acaba de publicar Diario del hombre pálido.
1ª ¿Lector desde la infancia o lector convertido?
Un recuerdo que guardo como el tesoro de John Silver es estar metido en la cama, en invierno, mientras leía Robinson Crusoe. Aún no me he desprendido de la huella de Robinson, ni de la de Viernes, impresa en la arena de la playa, ni de Sandokán, Yáñez o el Capitán Nemo… Más tarde, mi padre me proporcionó lecturas variadas, tanto La Metamorfosis de Kafka como un bestseller de Frederick Forsyth… No exagero si digo que sentí una revelación el día que me leyó el poema El albatros, de Charles Baudelaire. Yo debía tener diez u once años.
2ª ¿Qué géneros literarios le gustan más?
La novela, a la que los agoreros llevan matando desde hace años, es el género más completo, pero no desdeño unas buenas memorias, un buen reportaje periodístico o un ensayo que me desintoxique de la ficción.
3ª ¿Qué libros ha leído últimamente? ¿Algún autor que le guste especialmente?
Estoy leyendo “El legado de Humboldt”, de Saul Bellow… Si tuviera que elegir un contemporáneo vivo me quedaría con Philip Roth; si un contemporáneo muerto, Juan Carlos Onetti; si un clásico, Shakespeare.
4ª ¿El escritor tiene que ser un gran lector?
No me cabe la menor duda. Un escritor es siempre un aprendiz y los maestros están al alcance de la mano. Sólo hay que estirar la mano. Hasta no hace mucho tiempo leía con lápiz, a fin de aprender algunos trucos del oficio. Ahora busco libros que me corten la respiración, y me queda mucho por aprender.
5ª Usted es escritor. ¿Qué le lleva a una persona a escribir? ¿Existe el pudor al escribir sobre uno mismo, como ha hecho en su último libro Diario del hombre pálido?
Supongo que al principio quise seducir a una chica que me gustaba mucho, y empecé a escribir poemas; ahora lo hago porque es mi manera –aunque no la única- de relacionarme y tratar de entender el mundo. En cuanto al asunto del pudor yo no lo he sentido, aunque es obvio que hay aspectos en la vida de cualquiera que es mejor callar. Cuando se escribe un diario el autor ha de ser un poco indiscreto, pues es parte del encanto del género. Sin embargo, una vez terminado el libro tengo la impresión de no ser yo de quien se habla en esas páginas.
6ª ¿Qué argumentos daría a un amigo para contagiarle la pasión por la lectura?
Las mismas técnicas que utilizaba en mis años como docente en la Universidad Complutense. Le leería en voz alta algunos textos que a mí me han impresionado. Le recomendaría lecturas ofreciéndole algunas de las claves para acceder a ellas. Trataría de inocularle esa pasión, pero, finalmente, el camino se debe hacer solo.
7ª Ha recibido muchos premios. Un premio, ¿es un arma de doble filo? ¿Ayuda o condiciona?
He tenido buena suerte como cazarrecompensas. En mi caso los premios siempre me han ayudado, desde la más humilde “flor natural” al mejor premio, bien dotado económicamente. No escribo para ser premiado, pero a nadie le amarga un cheque.
8ª ¿Cuál cree usted que es el motivo por el que los jóvenes españoles leen tan poco?
Creo que la sangría de lectores se produce al abandonar la adolescencia. Ignoro la causa, pero no se me escapa que algo tendrá que ver un sistema educativo que no premia el esfuerzo. Leer es un divertimento que exige concentración, entusiasmo y, a veces, coraje. Nuestro mundo es una constante invitación a pulsar el mando a distancia del televisor o el ratón del ordenador.
9ª ¿Qué opinión le merecen, desde el punto de vista literario, Vargas Llosa con el Nobel, Maalouf con el Príncipe de Asturias, Mendoza con el Planeta?
Me alegré del premio a Vargas Llosa, que es un autor admirable: ¡Era un veinteañero cuando escribió La ciudad y los perros! Tengo pendiente a Maalouf, a quien confieso no haber leído. En cuanto a Mendoza me gusta tanto La verdad sobre el caso Savolta como Sin noticias de Gurb. No sé qué Mendoza nos encontraremos en la colección del Premio Planeta. Daría algo para que no me defraudara.
10ª ¿Le parece que hoy en día se cuida la lengua española?
Se cuida en los reductos académicos y en la buena creación literaria. Como periodista sé que coceamos al idioma todos los días. Me entristece la vulgaridad de la que hacen gala algunos colegas. Es un mal endémico en España. No cultivamos la oratoria ni la expresión. Sin embargo, un minero chileno se expresa como fray Luis de León.
11ª Usted es poeta. ¿Por qué es minoritaria la poesía pero fideliza? Sugiéranos un poeta para los que no entendemos la poesía.
En realidad, fui poeta. La abandoné porque me sentía encorsetado, pero sospecho que quien ha cultivado la poesía ha trabajado en el más poderoso laboratorio de la lengua. La poesía no tiene lectores, tiene adeptos. Sugiero a tres poetas: San Juan de la Cruz, César Vallejo, y un poeta navarro actual: Francisco Javier Irazoki.
12ª ¿Se publica demasiado?¿Cómo ve el mundo editorial en general?
A un escritor le preocupa el mundo editorial hasta que un señor decide apostar por él. El problema no es cuánto se publica sino qué se publica. Un libro no es una lata de espárragos y a ciertos editores no les preocupa que la gente lea sino que compre sus libros, aunque sean de ínfima calidad. Seamos sinceros; en realidad, hay pocos libros imprescindibles.
13ª¿Con qué expresión se queda, «Leemos para vivir», «Somos lo que leemos», «Más libros, más libres» ?
Me quedo con la dedicatoria que me escribió un amigo en una novela suya: “A Juan, que me dio de leer.”
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